Facundo Pons, 33 años, hace retroceder el reloj: 8.14
Hay una edad a partir de la cual toda buena tarde se describe como un recuerdo del pasado, lo cual es injusto y también exacto. 8.14 con 33 años, y nadie en el campo estuvo mejor.
«Antes de firmar se me dijeron cosas. No las voy a repetir, pero me acuerdo de todas.» San Martín no han contestado, que también es una forma de contestar.
Plantilla14/05/2029
Facundo Pons choca con un compañero por las exigencias
La discusión más vieja de cualquier vestuario y la única que va de verdad sobre fútbol: uno cree que el otro no pone lo suficiente. También es la bronca que a un entrenador, en privado, no le disgusta que haya ocurrido.
A los 23 años lo cantan personas que le doblan la edad, un cariño que un fichaje tarda años en ganarse y que un chaval de la casa recibe por aparecer. También es lo más difícil de sostener que hay en el fútbol.
Pregunte a cualquiera a la salida qué separó a los dos equipos y escuchará un nombre: Santiago Briñone. 2‑0 ante Atlanta, y la ovación final fue sobre todo suya.
Ángel Contreras y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
14 días, dice la prueba, y las pruebas son más amables que la realidad. Los partidos de ese tramo acaban de convertirse en el trabajo de otro.
El banquillo14/05/2029
La vista desde el banquillo
«Lo hemos controlado. Hubo fases que no me gustaron y las miraremos, pero el grupo me ha enseñado algo». Ricardo Giménez, sobre una victoria por 2‑0 que ya iba desmenuzando de camino a la sala de prensa.
«No tengo nada malo que decir de este sitio. Simplemente necesito estar en otro.» Ya está por escrito, y eso cambia lo que San Martín pueden fingir no haber oído.
Alguien dijo en voz alta lo que varios pensaban sobre cuánto se esfuerza otro en los entrenamientos, y Facundo Pons estaba en medio. La única discusión de vestuario que de verdad va de fútbol.
No se anuncia nunca y se ve del todo: las tardes más grandes de la temporada lo siguen incluyendo. Una tribuna de prensa lo deduce mucho antes de que nadie en el club confirme una sola palabra.
Entrena duro, dice lo que hay que decir y vuelve a un piso vacío. En el San Martín nadie ha hecho nada mal, y por eso mismo es tan difícil de arreglar.
«Ya duraba demasiado. Prefiero decirlo a la cara antes que dejarlo ahí.» Diez minutos a puerta cerrada en San Martín, y los dos salieron diciendo que no pasaba nada.
Tiago Rivao se lesiona los ligamentos de la rodilla: 40 días de baja
Las palabras que un fisio dice despacio. 40 días es lo que anunciará el club, y cualquiera que haya oído antes este diagnóstico sabe que la cifra es lo de menos: la rodilla vuelve antes que el jugador.
Plantilla11/12/2028
Facundo Pons choca con un compañero por las exigencias
La discusión más vieja de cualquier vestuario y la única que va de verdad sobre fútbol: uno cree que el otro no pone lo suficiente. También es la bronca que a un entrenador, en privado, no le disgusta que haya ocurrido.
Ángel Contreras estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
Todo entrenador guarda en la cabeza una lista corta de los hombres que quiere sobre el campo cuando sube la apuesta, y nunca se publica. Las alineaciones de las tardes grandes dicen que Aníbal Paz está en ella.
Directiva11/12/2028
El San Martín ingresa $866.7K de una operación antigua
El genio poco glamuroso de un contrato bien redactado. Marcos López ya es de otro, y han llegado $866.7K porque quienes lo vendieron pensaron más allá del mercado.
Otra semana, otro rumor, otro desmentido que nadie termina de creerse. En San Martín saben que estas cosas las decide el mercado y no la prensa, pero la prensa hace más ruido.
89 días en el comunicado, y detrás un año de rehabilitación silenciosa que nadie verá. San Martín pierde a un jugador por una temporada; él pierde algo más difícil de nombrar.
La discusión más vieja de cualquier vestuario y la única que va de verdad sobre fútbol: uno cree que el otro no pone lo suficiente. También es la bronca que a un entrenador, en privado, no le disgusta que haya ocurrido.
Todas las ruedas de prensa empiezan y acaban ya igual: con el futuro de Guillermo Rodríguez. Al técnico se le han agotado las maneras nuevas de no decir nada.
Lo que era una noticia de contraportada es ya asunto del graderío, y el graderío no entiende de matices. En San Martín querrían resolverlo antes de que sea la única pregunta.
«Treinta minutos, puerta cerrada, todo dicho. Después nos dimos la mano». Lo que hubo en esa sala se quedó en esa sala, y Carlos Alberto Ponce entrenó a la mañana siguiente como un hombre con menos peso encima.
La discusión más vieja de cualquier vestuario y la única que va de verdad sobre fútbol: uno cree que el otro no pone lo suficiente. También es la bronca que a un entrenador, en privado, no le disgusta que haya ocurrido.
Ángel Contreras y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
No se anuncia nunca y se ve del todo: las tardes más grandes de la temporada lo siguen incluyendo. Una tribuna de prensa lo deduce mucho antes de que nadie en el club confirme una sola palabra.
«Ya duraba demasiado. Prefiero decirlo a la cara antes que dejarlo ahí.» Diez minutos a puerta cerrada en San Martín, y los dos salieron diciendo que no pasaba nada.
En toda plantilla hay uno de estos partidos para alguien cada temporada. Este es el de Franco Figueroa: el club que lo conoció primero, la afición que decidirá en el primer minuto si aplaude, y San Martín necesitando que juegue como si nada de eso importara.
Se ha desmentido dos veces y publicado tres, que es la aritmética habitual. Hasta que Facundo Pons firme algo — un contrato en San Martín o en cualquier otra parte —, esta columna es suya.
Ahora parece alguien que vive aquí y no alguien que viene a trabajar aquí. Ha costado casi toda una temporada, y en el San Martín la diferencia se ve desde la última fila.