Ya van 4 sin ganar, y el estadio ha desarrollado ese silencio especial de la grada que espera lo peor. Un 1-0 feo lo curaría casi todo; eso es lo desesperante.
Antonio Espigares y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
Regates completados: 16. Hacia el minuto setenta aparece en la cara de un lateral una desesperación muy concreta, y ahí estaba.
El banquillo23/11/2026
La vista desde el banquillo
«Lo analizaremos, aprenderemos de ello y seguiremos adelante». Las tres frases que todo entrenador guarda para una derrota por 0‑1, pronunciadas por Pol Muñoz ante una sala que ya las había oído.
A Javi Eslava le dijeron algo y luego ocurrió. En este negocio eso pasa por extraordinario, y el vestuario se dio cuenta antes de lo que podría hacerlo cualquier aficionado.
«De fuera no va a venir nadie a salvarnos». Fue corto, fue incómodo y, según todos, el vestuario del Ibiza quedó después más callado que en toda la temporada.
En breve
PlantillaCumplida la sanción, Antonio Espigares vuelve a entrar en las quinielas
A los centrales se les permite subir dos veces por temporada y se los juzga por lo que hacen cuando llegan. Nacho marcó, fue calificado con 7.56 y volvió antes de que nadie notara que se había ido.
Antonio Espigares estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
«Hoy no hemos estado a la altura y no lo voy a maquillar». Pol Muñoz tras el 0‑1, con el tono de quien sabe cuál es la siguiente pregunta y no piensa responderla.
«Ya duraba demasiado. Prefiero decirlo a la cara antes que dejarlo ahí.» Diez minutos a puerta cerrada en Ibiza, y los dos salieron diciendo que no pasaba nada.
«Quiero jugar por títulos mientras las piernas me lo permitan». Nada en esa frase es una petición de traspaso, y nadie en Ibiza la escuchó como otra cosa.
Sergio Busquets y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
«143 internacionalidades son más de las que jamás esperé, y ya toca que las tenga otro.» A los 38 ha terminado con su selección y no ha terminado ni de lejos con el Ibiza.
Hay una calidez concreta que un estadio reserva para un chico de 23 años que siente suyo. Marcos Echeverría la tiene ya, y todo lo que haga durante el resto de su etapa aquí se medirá contra esa buena voluntad que le regalaron.
100 partidos con esta camiseta, a través de entrenadores, descensos y todo lo demás. Una entrega así está desapareciendo del fútbol, y la grada sabe lo que está viendo.
No da para gran titular y es la razón por la que los jugadores se creen la siguiente promesa. El Ibiza le dijo a Mason Melia que algo pasaría y pasó, lo que en esta industria ya es notable.
11 fichajes en un solo mercado. Puede que cada uno sea una mejora y el equipo puede seguir siendo peor durante un tiempo, que es la parte de una reconstrucción que los veredictos nunca mencionan.
«Me acuerdo de la reunión. Me acuerdo exactamente de lo que se prometió en ella». Puede que Ibiza lo recuerde de otra manera, que es precisamente el problema.
No es una racha: es un salto real, sostenido durante meses. Con 19 años hace a este nivel cosas que no hacía al empezar la temporada, y el cuerpo técnico le dirá exactamente cuáles.
Antonio Espigares estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
En el Ibiza todos lo vieron antes de que nadie lo dijera, que es como va siempre. A los 36 la caída es real y medible —3 puntos— y lo único que queda por saber es cómo trata el club a alguien a quien debe muchísimo.