«Quiero jugar por títulos mientras las piernas me lo permitan». Nada en esa frase es una petición de traspaso, y nadie en Grêmio la escuchó como otra cosa.
Defender era opcional y nadie ejerció la opción. 8 goles entre el Grêmio y Mirassol, y ni uno solo de los que pagaron la entrada pedirá que le devuelvan el dinero.
Dos goles y un 8.35 para acompañarlos. A los delanteros se los juzga por tardes como esta y se los recuerda por muchas menos de las que la gente imagina.
6 paradas, y un marcador al que los diez que tenía delante no tenían derecho. A los porteros solo se les mira en los días malos; este fue de los otros.
La discusión más vieja de cualquier vestuario y la única que va de verdad sobre fútbol: uno cree que el otro no pone lo suficiente. También es la bronca que a un entrenador, en privado, no le disgusta que haya ocurrido.
«Alineo a jugadores que hacen el trabajo. Todo el trabajo». No se pronunció ningún nombre; todas las cámaras giraron igualmente hacia Weverton, y el técnico lo permitió.
Plantilla26/10/2026
10 caras nuevas y el Grêmio todavía se está conociendo
Una plantilla reconstruida en un solo mercado lo paga en una moneda que nadie presupuesta. El fútbol no es peor que la suma de los jugadores: es peor que la suma de los jugadores que ya han jugado juntos.
«Podría hablar de decisiones arbitrales y podría hablar de suerte. No lo voy a hacer. Hemos perdido». El entrenador, el 2‑3, y una rueda de prensa que duró cuatro minutos.
Todo entrenador guarda en la cabeza una lista corta de los hombres que quiere sobre el campo cuando sube la apuesta, y nunca se publica. Las alineaciones de las tardes grandes dicen que Pedro Rocha está en ella.
Se ha desmentido dos veces y publicado tres, que es la aritmética habitual. Hasta que Tetê firme algo — un contrato en Grêmio o en cualquier otra parte —, esta columna es suya.
9 paradas, y un marcador al que los diez que tenía delante no tenían derecho. A los porteros solo se les mira en los días malos; este fue de los otros.
«No es un enfado. Llevo meses pensándolo, y nada de lo último me ha hecho cambiar de idea». La solicitud está sobre una mesa de Grêmio, y no se va a retirar.
«La afición tiene derecho a estar enfadada. Yo también lo estoy. Lo vamos a arreglar». 0‑3, un entrenador diciendo lo que toca, y un vestuario que escuchó una versión distinta.
Los clubes prometen constantemente y el periódico solo suele enterarse cuando incumplen. Esta se cumplió, y el vestuario lo notó antes que cualquier aficionado.
Toca el líder, y la medida honesta de dónde está en realidad este equipo. Cualquiera le gana al club que tiene debajo; la pregunta es qué pasa contra Flamengo.
El banquillo19/10/2026
Hyoran se ha convertido en un hombre de confianza del técnico
Nadie en el Grêmio lo dirá para la grabadora y las alineaciones llevan semanas diciéndolo. En toda plantilla hay un grupo pequeño al que se recurre cuando el partido es difícil, y él ya está dentro.
Juan Ignacio Nardoni estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
No se anuncia nunca y se ve del todo: las tardes más grandes de la temporada lo siguen incluyendo. Una tribuna de prensa lo deduce mucho antes de que nadie en el club confirme una sola palabra.
En toda plantilla hay uno de estos partidos para alguien cada temporada. Este es el de Caio Paulista: el club que lo conoció primero, la afición que decidirá en el primer minuto si aplaude, y Grêmio necesitando que juegue como si nada de eso importara.
Nada por escrito y nada en público: una palabra sobre minutos, dada cara a cara en Grêmio. Las alineaciones del próximo mes dirán si valía la pena tenerla.
«Treinta minutos, puerta cerrada, todo dicho. Después nos dimos la mano». Lo que hubo en esa sala se quedó en esa sala, y Gabriel Grando entrenó a la mañana siguiente como un hombre con menos peso encima.
Se le ha ido el desconcierto, el idioma va llegando y discute en los entrenamientos como alguien que cuenta con estar aquí el año que viene. La mitad del valor de un fichaje es esto, y nada de ello aparece en el traspaso.
Lo siguiente, fuera de casa: Atlético Mineiro, puesto 8. Los aficionados que viajen hablarán de ello toda la semana, y los que no mirarán el móvil a las cinco menos diez.
6 paradas, y un marcador al que los diez que tenía delante no tenían derecho. A los porteros solo se les mira en los días malos; este fue de los otros.
Alguien dijo en voz alta lo que varios pensaban sobre cuánto se esfuerza otro en los entrenamientos, y Juan Ignacio Nardoni estaba en medio. La única discusión de vestuario que de verdad va de fútbol.
Leonel Pérez y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
«La afición tiene derecho a estar enfadada. Yo también lo estoy. Lo vamos a arreglar». 0‑1, un entrenador diciendo lo que toca, y un vestuario que escuchó una versión distinta.
En breve
El banquilloDodi se ha convertido en un hombre de confianza del técnico
El banquilloAhora mismo hay alguien mejor que André Henrique
Brutal, inequívoca y, pese al horror del momento, normalmente menos determinante para una carrera que el ligamento al que todos temen más. 33 días, un calendario limpio y una fecha de vuelta con la que de verdad se puede planificar.
Bragantino querrá olvidar esto cuanto antes: 3‑0, todos los duelos perdidos y un viaje de vuelta muy largo. Grêmio fue despiadado como lo son los equipos buenos.
Dos goles y un 9.04 para acompañarlos. A los delanteros se los juzga por tardes como esta y se los recuerda por muchas menos de las que la gente imagina.
«Sé lo que va a decir la gente. Sé lo que quiero, y está aquí». Ittihad tenía el traspaso acordado y la camiseta lista; no tenía al jugador, y ahora ya no lo tendrá.
1 para Mathías Villasanti, calificado con 7.97, y el nombre de un central en la parte de la crónica a la que normalmente solo llega por error. En el vestuario no le dejarán olvidarlo en un mes.
La discusión más vieja de cualquier vestuario y la única que va de verdad sobre fútbol: uno cree que el otro no pone lo suficiente. También es la bronca que a un entrenador, en privado, no le disgusta que haya ocurrido.
União queda fuera y Grêmio avanza, con el 10‑0 como última palabra. El cuadro se abre un poco, y todo el mundo se permite mirarlo.
Notas de los jugadores17/08/2026
Alexsandro, 20 años, juega como si llevara aquí una vida: 9.97
Un 9.97 significa una cosa junto al nombre de un futbolista de veintinueve y otra muy distinta junto al de uno de 20. En el estadio nadie necesitó que se lo explicaran.
Hay tardes en las que el portero es todo el equipo. 8 paradas, varias de ellas de las que nadie espera ver detenidas, y un marcador que favorece a los diez que tenía delante.
«Sé lo que va a decir la gente. Sé lo que quiero, y está aquí». Samgurali Tskaltubo tenía el traspaso acordado y la camiseta lista; no tenía al jugador, y ahora ya no lo tendrá.
Notas de los jugadores17/08/2026
Marcos Rocha, 37 años, hace retroceder el reloj: 8.30
Hay una edad a partir de la cual toda buena tarde se describe como un recuerdo del pasado, lo cual es injusto y también exacto. 8.30 con 37 años, y nadie en el campo estuvo mejor.
A los centrales se les permite subir dos veces por temporada y se los juzga por lo que hacen cuando llegan. Leonel Pérez marcó, fue calificado con 7.53 y volvió antes de que nadie notara que se había ido.
Un derbi nunca va solo de fútbol, pero el fútbol ayudó: 1‑0, y el fondo visitante se vació antes de tiempo. El orgullo de la ciudad, renovado por otra temporada.
Con 2 goles de desventaja esto era un trámite, y el trámite duró hasta que dejó de serlo. El Grêmio encontró algo que la primera parte no había anunciado, y Fluminense no supo sostener lo que tenía.
Todo futbolista tiene una respuesta a la pregunta por el club de su infancia, y casi ninguno llega a actuar en consecuencia. Pedro Rocha lo ha hecho, en Grêmio, y el primer mes enseñará lo que eso le hace a un hombre.
Ganar a cualquier otro son tres puntos. Ganarles a ellos, con su nombre en el gol, es un año de presumir para Grêmio y una historia que sobrevivirá a su contrato.
«Quiero ganar cosas y me gustaría hacerlo aquí.» No se ha exigido nada ni se ha amenazado con nada, pero una directiva como la de Grêmio escucha una frase así exactamente como está construida.
Jugará aquí hasta el verano y luego saldrá por la puerta sin coste, después de haber firmado ya en otra parte. Con la primera parte de esa frase la afición puede; con la segunda, no tanto.
2 goles de ventaja y luego una rendición lenta de todo lo ganado. Carlos Vinícius no será el señalado, pero nadie en el Grêmio se libra de la conversación que sigue a un desplome así.
10 temporadas y 286 partidos, todos aquí. Las carreras así no se diseñan; le ocurren a cierta clase de hombre en cierta clase de club, y esta ciudad tiene uno.
1 para Leonel Pérez, calificado con 7.25, y el nombre de un central en la parte de la crónica a la que normalmente solo llega por error. En el vestuario no le dejarán olvidarlo en un mes.
Todo futbolista tiene una respuesta a la pregunta por el club de su infancia, y casi ninguno llega a actuar en consecuencia. Hyoran lo ha hecho, en Grêmio, y el primer mes enseñará lo que eso le hace a un hombre.
«Quiero jugar por títulos mientras las piernas me lo permitan». Nada en esa frase es una petición de traspaso, y nadie en Grêmio la escuchó como otra cosa.
«Hay decisiones que llevan mucho tiempo. Esta llevó diez minutos, y la mayoría fueron para encontrar un bolígrafo». Martin Braithwaite y Grêmio acuerdan 2 años más.
Nada en la semana que viene es normal. Internacional el sábado, una ciudad que ya ha empezado a hablar de ello, y un vestuario al que no hace falta explicarle lo que significa.