Lo último de un traspaso que todavía depende del jugador es su firma en sus propias condiciones, y ya está puesta. Khimik lo ha perdido en todo salvo en el papeleo.
«No era lo adecuado para mí. No voy a explicar por qué a nadie salvo a quienes les debo una explicación». Un acuerdo cerrado entre dos clubes, y un jugador que declinó formar parte de él.
La oferta de Pobeda por Nikita Shulkin se escuchó y se devolvió el mismo día. Las primeras ofertas rara vez pretenden triunfar; pretenden averiguar con qué fuerza se cierra la puerta.
Kirill Myrzakov y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
«La afición tiene derecho a estar enfadada. Yo también lo estoy. Lo vamos a arreglar». 0‑1, un entrenador diciendo lo que toca, y un vestuario que escuchó una versión distinta.
La clase de año que termina con un nombre leído en voz alta en un salón. Khimik lo disfrutó cada semana y ahora tiene el problema de que los demás lo saben.
Kirill Gordeev estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
En el Khimik todos lo vieron antes de que nadie lo dijera, que es como va siempre. A los 35 la caída es real y medible —3 puntos— y lo único que queda por saber es cómo trata el club a alguien a quien debe muchísimo.
La racha sin perder llega a 6. Algunas fueron victorias y otras, escapadas, pero un equipo que se niega a perder es un equipo del que se habla en otros vestuarios.
«Alineo a jugadores que hacen el trabajo. Todo el trabajo». No se pronunció ningún nombre; todas las cámaras giraron igualmente hacia Alexey Dolya, y el técnico lo permitió.
Las cuentas son de lectura incómoda. Primero los salarios y después la ambición: ese es ahora el orden en Khimik.
El banquillo04/01/2027
El veredicto del entrenador
«Estoy frustrado, sinceramente. Hicimos lo suficiente para ganar y no ganamos». Valentin Rybakov no lo escondía tras el 0‑0, y en el vestuario de Khimik tampoco lo escondía nadie.
Brutal, inequívoca y, pese al horror del momento, normalmente menos determinante para una carrera que el ligamento al que todos temen más. 49 días, un calendario limpio y una fecha de vuelta con la que de verdad se puede planificar.
Hizo falta que Nikita Nikiforov marcara para llevarse algo: 1‑1 ante Chelyabinsk 2, y medio vestuario lo llamará un punto ganado.
El banquillo21/12/2026
El veredicto del entrenador
«Estoy frustrado, sinceramente. Hicimos lo suficiente para ganar y no ganamos». Valentin Rybakov no lo escondía tras el 1‑1, y en el vestuario de Khimik tampoco lo escondía nadie.
Se ha desmentido dos veces y publicado tres, que es la aritmética habitual. Hasta que Arsenio Valpoort firme algo — un contrato en Khimik o en cualquier otra parte —, esta columna es suya.
Regates completados: 33. Se fue de la gente como si le hubieran dicho que había un premio por hacerlo, y al final el lateral había dejado de fingir que lo intentaba.
El cartel ya estaba arriba, las protestas habían empezado, y entonces el balón entró en el minuto 93. Akron 2 repasará cada segundo del descuento durante una semana.
«No tengo nada malo que decir de este sitio. Simplemente necesito estar en otro.» Ya está por escrito, y eso cambia lo que Khimik pueden fingir no haber oído.
Los clubes han llegado a un acuerdo, y lo que queda es puro trámite: reconocimiento médico, fotografía y firma. En Khimik nadie finge que volverá a vestir la camiseta.
A los 22 años lo cantan personas que le doblan la edad, un cariño que un fichaje tarda años en ganarse y que un chaval de la casa recibe por aparecer. También es lo más difícil de sostener que hay en el fútbol.
Regates completados: 26. Hacia el minuto setenta aparece en la cara de un lateral una desesperación muy concreta, y ahí estaba.
Directiva30/11/2026
En Khimik el 251% de los ingresos se va en sueldos
Todos los clubes del fútbol pagan a sus jugadores la mayor parte de lo que ingresan. Pagarles casi todo es otro invento, y ha acabado igual todas las veces que alguien lo ha intentado.
Artem Shirokov estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
Calificado con 7.82. Pregunte a cualquiera que salga del estadio qué lo decidió y obtendrá un nombre, que es el único premio que de verdad ha contado nunca.
Acabó 1‑1, y de alguna manera siempre pareció que acabaría así. Una de esas tardes en las que la tabla se mueve menos que los ánimos.
El banquillo30/11/2026
La vista desde el banquillo
«No hemos perdido. Hay semanas en que eso es todo lo que hay, y prefiero tener el punto a no tenerlo». Valentin Rybakov eligió la versión del vaso medio lleno del 1‑1; la afición se fue con la otra.
Alguien vio todos los partidos de la categoría este fin de semana y decidió que él fue lo mejor de cualquiera de ellos. Un honor pequeño, y la mayoría de las carreras terminan sin uno.
Hay una edad a partir de la cual toda buena tarde se describe como un recuerdo del pasado, lo cual es injusto y también exacto. 9.45 con 34 años, y nadie en el campo estuvo mejor.
Kirill Myrzakov estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
Hay una calidez concreta que un estadio reserva para un chico de 22 años que siente suyo. Zakhar Gitselev la tiene ya, y todo lo que haga durante el resto de su etapa aquí se medirá contra esa buena voluntad que le regalaron.
«No tengo nada malo que decir de este sitio. Simplemente necesito estar en otro.» Ya está por escrito, y eso cambia lo que Khimik pueden fingir no haber oído.
Kirill Myrzakov y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
«Hoy no hemos estado a la altura y no lo voy a maquillar». Valentin Rybakov tras el 0‑1, con el tono de quien sabe cuál es la siguiente pregunta y no piensa responderla.
«Treinta minutos, puerta cerrada, todo dicho. Después nos dimos la mano». Lo que hubo en esa sala se quedó en esa sala, y Roman Raifegerste entrenó a la mañana siguiente como un hombre con menos peso encima.
Nadie en el Khimik insinúa que esté en baja forma. El entrenador simplemente quería otras cualidades para noventa minutos concretos, y contra eso un jugador no puede entrenar nada.
Se ha desmentido dos veces y publicado tres, que es la aritmética habitual. Hasta que Ivan Sutugin firme algo — un contrato en Khimik o en cualquier otra parte —, esta columna es suya.
En breve
PlantillaIvan Sutugin habla, y el vestuario escucha
«No es un enfado. Llevo meses pensándolo, y nada de lo último me ha hecho cambiar de idea». La solicitud está sobre una mesa de Khimik, y no se va a retirar.
Derrota por 1‑3, y merecida. El entrenador fue breve después, lo cual probablemente fue prudente.
Directiva02/11/2026
En Khimik el 251% de los ingresos se va en sueldos
Todos los clubes del fútbol pagan a sus jugadores la mayor parte de lo que ingresan. Pagarles casi todo es otro invento, y ha acabado igual todas las veces que alguien lo ha intentado.
«Le he dado todo a esto, pero mi familia no está aquí, y yo tampoco, en realidad». A un futbolista se le puede corregir el mal momento. De esto nunca se ha corregido nadie, y en el Khimik lo saben.
Kirill Myrzakov estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
14 fichajes en un solo mercado. Puede que cada uno sea una mejora y el equipo puede seguir siendo peor durante un tiempo, que es la parte de una reconstrucción que los veredictos nunca mencionan.
Calificado con 7.59. Pregunte a cualquiera que salga del estadio qué lo decidió y obtendrá un nombre, que es el único premio que de verdad ha contado nunca.
«El mérito es de los jugadores. Hoy mi trabajo ha sido fácil». No lo fue, y todos en la sala lo sabían; después de un 1‑0, Valentin Rybakov podía permitirse ser generoso.
«Treinta minutos, puerta cerrada, todo dicho. Después nos dimos la mano». Lo que hubo en esa sala se quedó en esa sala, y Kirill Myrzakov entrenó a la mañana siguiente como un hombre con menos peso encima.
En breve
El banquilloLa tabla de forma ha alcanzado a Anton Uboniev
Artem Shirokov y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
«Alineo a jugadores que hacen el trabajo. Todo el trabajo». No se pronunció ningún nombre; todas las cámaras giraron igualmente hacia Oleg Trofimov, y el técnico lo permitió.
«Hay cosas que me han gustado y cosas que estaremos haciendo el martes hasta que salgan». 1‑1, y un entrenador que ya había decidido cómo iba a ser el martes.
Regates completados: 40. Se fue de la gente como si le hubieran dicho que había un premio por hacerlo, y al final el lateral había dejado de fingir que lo intentaba.
Los huesos sueldan. Es lo único piadoso de esta lesión y la razón por la que en el Khimik hablarán de ella con más franqueza que de una rodilla. Volverá, y más o menos cuando digan.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Khimik cosas que tardan más de una semana en retirarse.
A los 34, 3 puntos por debajo de lo que era, y un cuerpo que ha empezado a cobrar intereses. Les pasa a todos y sigue siendo el párrafo más difícil de esta página.
Ya son 6 partidos sin perder. Unos se ganaron y otros se sobrevivieron, pero se está formando una costumbre — y contra las costumbres es contra lo más difícil que se juega en el fútbol.
Directiva05/10/2026
Los sueldos se tragan el 259% de los ingresos de Khimik
Cualquier club destina a sus jugadores la mayor parte de lo que gana. Destinarles casi todo es un acuerdo distinto, y siempre que se ha probado ha terminado de la misma manera.
A los 23 años lo cantan personas que le doblan la edad, un cariño que un fichaje tarda años en ganarse y que un chaval de la casa recibe por aparecer. También es lo más difícil de sostener que hay en el fútbol.
Nikita Nikiforov, 21 años, juega como si llevara aquí una vida: 8.43
Un 8.43 significa una cosa junto al nombre de un futbolista de veintinueve y otra muy distinta junto al de uno de 21. En el estadio nadie necesitó que se lo explicaran.
«Nos lo hemos ganado. Les pedí una reacción y la he tenido, y ahora quiero lo mismo el sábado». Valentin Rybakov sobre una tarde de 1‑0 que le gustó más de lo que estaba dispuesto a enseñar.
Toca el líder, y la medida honesta de dónde está en realidad este equipo. Cualquiera le gana al club que tiene debajo; la pregunta es qué pasa contra Nosta.
Toca Nosta, y hay un hombre en el vestuario de Khimik que conoce su ciudad deportiva mejor que la propia. El recibimiento le dirá lo que pensaban de él.
«No tengo nada malo que decir de este sitio. Simplemente necesito estar en otro.» Ya está por escrito, y eso cambia lo que Khimik pueden fingir no haber oído.
Ya van 6 sin ganar, y el estadio ha desarrollado ese silencio especial de la grada que espera lo peor. Un 1-0 feo lo curaría casi todo; eso es lo desesperante.
Directiva14/09/2026
Cierra el mercado en Khimik: 18 de alta, 4 de baja
Ha pasado la hora límite y la plantilla es la que es. Altas, 18; bajas, 4; y todo lo demás que se publicó sobre este club el mes pasado fue un rumor que se quedó en rumor.
Khimik preguntó y Dinamo Bryansk dijo que no sin discutir una cifra. Es la respuesta menos ambigua del fútbol y la que los clubes más a menudo vuelven a poner a prueba.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Khimik cosas que tardan más de una semana en retirarse.
Algunos partidos los decide un instante; este lo decidió un hombre. 7.45 en la ficha, y la afición del Khimik se fue a casa repitiendo un nombre.
El banquillo14/09/2026
La vista desde el banquillo
«No hemos perdido. Hay semanas en que eso es todo lo que hay, y prefiero tener el punto a no tenerlo». Valentin Rybakov eligió la versión del vaso medio lleno del 0‑0; la afición se fue con la otra.
Dos goles y un 8.85 para acompañarlos. A los delanteros se los juzga por tardes como esta y se los recuerda por muchas menos de las que la gente imagina.
Ya van 5 sin ganar, y el estadio ha desarrollado ese silencio especial de la grada que espera lo peor. Un 1-0 feo lo curaría casi todo; eso es lo desesperante.
Khimik preguntó y Chelyabinsk dijo que no sin discutir una cifra. Es la respuesta menos ambigua del fútbol y la que los clubes más a menudo vuelven a poner a prueba.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Khimik cosas que tardan más de una semana en retirarse.
A los 21 años lo cantan personas que le doblan la edad, un cariño que un fichaje tarda años en ganarse y que un chaval de la casa recibe por aparecer. También es lo más difícil de sostener que hay en el fútbol.
«Alineo a jugadores que hacen el trabajo. Todo el trabajo». No se pronunció ningún nombre; todas las cámaras giraron igualmente hacia Dmitry Veber, y el técnico lo permitió.
Plantilla31/08/2026
13 caras nuevas y el Khimik todavía se está conociendo
Una plantilla reconstruida en un solo mercado lo paga en una moneda que nadie presupuesta. El fútbol no es peor que la suma de los jugadores: es peor que la suma de los jugadores que ya han jugado juntos.
6 paradas, y un marcador al que los diez que tenía delante no tenían derecho. A los porteros solo se les mira en los días malos; este fue de los otros.
Las normas lo permiten y escuece igual. Ilja Gruznov ha acordado condiciones con el Nizhniy Novgorod para el verano, y hasta entonces viste esta camiseta como alguien que ya ha elegido la siguiente.
Kirill Gordeev y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
Zvezda pagó $29.0K y Khimik lo aceptó, que es toda la historia en una frase. La versión larga habla del presupuesto salarial y se contará toda la temporada.