«No es un enfado. Llevo meses pensándolo, y nada de lo último me ha hecho cambiar de idea». La solicitud está sobre una mesa de Schwarz-Weiß Bregenz, y no se va a retirar.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Schwarz-Weiß Bregenz cosas que tardan más de una semana en retirarse.
Schwarz-Weiß Bregenz preguntó y First Vienna dijo que no sin discutir una cifra. Es la respuesta menos ambigua del fútbol y la que los clubes más a menudo vuelven a poner a prueba.
Alguien dijo en voz alta lo que varios pensaban sobre cuánto se esfuerza otro en los entrenamientos, y Sebastian Feyrer estaba en medio. La única discusión de vestuario que de verdad va de fútbol.
«Ya duraba demasiado. Prefiero decirlo a la cara antes que dejarlo ahí.» Diez minutos a puerta cerrada en Schwarz-Weiß Bregenz, y los dos salieron diciendo que no pasaba nada.
«He hecho todo lo que se me ha pedido en los entrenamientos y no ha cambiado nada un sábado». La queja más conocida del fútbol, y una a la que Schwarz-Weiß Bregenz tendrá que responder con minutos o con un traspaso.
Ha pasado un año y la ciudad sigue cerrada, el idioma sigue sin llegar, y el almuerzo en solitario se repite más de lo que nadie en Schwarz-Weiß Bregenz reconocería. Los sábados se nota.
Steven van der Sloot y un compañero se dijeron esta semana cosas que costará más de una semana retirar. No iba de fútbol, y los dos juegan el sábado.
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Dejan Radonjić choca con un compañero por las exigencias
La discusión más vieja de cualquier vestuario y la única que va de verdad sobre fútbol: uno cree que el otro no pone lo suficiente. También es la bronca que a un entrenador, en privado, no le disgusta que haya ocurrido.
A Jan Repas le dijeron algo y luego ocurrió. En este negocio eso pasa por extraordinario, y el vestuario se dio cuenta antes de lo que podría hacerlo cualquier aficionado.
Toda plantilla tiene hombres que fichó un entrenador concreto y hombres que simplemente se heredaron. Steven van der Sloot está en el primer grupo, y quien lo quiso aquí ya no está en el edificio.
Ha pasado un año y la ciudad sigue cerrada, el idioma sigue sin llegar, y el almuerzo en solitario se repite más de lo que nadie en Schwarz-Weiß Bregenz reconocería. Los sábados se nota.
«No tengo nada malo que decir de este sitio. Simplemente necesito estar en otro.» Ya está por escrito, y eso cambia lo que Schwarz-Weiß Bregenz pueden fingir no haber oído.
Richard Strebinger estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
Algunos fichajes necesitan una campaña de prensa. Este necesitaba una camiseta con el número de siempre. Felix Gschossmann vuelve a ser jugador de Schwarz-Weiß Bregenz, y la ciudad ya tiene su historia del verano.
Los sueldos han adelantado a los ingresos y los contables han empezado a sentarse en reuniones a las que antes se excusaban. La ambición va segunda en una temporada así.
Hay una versión de cada carrera en la que el jugador acaba donde él eligió y no donde lo eligieron. Vinko Šapina está viviendo esa versión en el Schwarz-Weiß Bregenz, y suele notarse en el primer mes.
Richard Strebinger estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
Alguien dijo en voz alta lo que varios pensaban. Dejan Radonjić está en el centro, y la plantilla averiguará ahora si el listón sube o si los dos simplemente dejan de hablarse.
Ni ahora, ni a ningún precio que el club estuviera dispuesto a decir en voz alta. Sion conserva a su hombre, y Schwarz-Weiß Bregenz vuelve a una lista con un nombre tachado.
No es que lo dejen fuera. Simplemente no hay ningún lugar en el sistema con el que juega Schwarz-Weiß Bregenz donde poner a un hombre que hace lo que él hace, y eso es más duro de oír que cualquier alineación.
Dennis Jastrzembski se lesiona los ligamentos de la rodilla: 82 días de baja
Las palabras que un fisio dice despacio. 82 días es lo que anunciará el club, y cualquiera que haya oído antes este diagnóstico sabe que la cifra es lo de menos: la rodilla vuelve antes que el jugador.
8 partidos, ningún gol y una ciudad deportiva que lo ha probado todo. Terminará —las sequías siempre terminan—, pero nadie en el Schwarz-Weiß Bregenz sabe decir en qué semana.
«Me acuerdo de la reunión. Me acuerdo exactamente de lo que se prometió en ella». Puede que Schwarz-Weiß Bregenz lo recuerde de otra manera, que es precisamente el problema.
Dejan Radonjić y un compañero se dijeron esta semana cosas que costará más de una semana retirar. No iba de fútbol, y los dos juegan el sábado.
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