4 victorias seguidas cambian cómo calienta el rival: más callado, mirando de reojo. Las rachas se acaban, todo el mundo lo sabe; en este vestuario nadie lo tiene previsto.
Traspaso acordado, contrato acordado, revisión médica con fecha. Dor Benyamini será jugador de otro club este fin de semana, y en Hapoel Tel Aviv las despedidas han empezado en voz baja.
El Hapoel Beer Sheva seguirá alineándolo hasta junio y no recibirá nada por él después. Ori Dahan ha pactado su marcha al Hapoel Tel Aviv, y los únicos que pierden en ese arreglo son quienes dejaron correr el contrato.
Una media de 7.29 en la temporada con 10 goles detrás. Los rivales han empezado a planificar pensando en él, que es el cumplido más sincero que paga el fútbol.
Ya son 50 con el club, cada uno archivado en la memoria de alguien con una fecha y un marcador. Sobre cifras así discuten los aficionados dentro de veinte años.
Los clubes han llegado a un acuerdo, y lo que queda es puro trámite: reconocimiento médico, fotografía y firma. En Hapoel Tel Aviv nadie finge que volverá a vestir la camiseta.
No se anuncia nunca y se ve del todo: las tardes más grandes de la temporada lo siguen incluyendo. Una tribuna de prensa lo deduce mucho antes de que nadie en el club confirme una sola palabra.
«Ya duraba demasiado. Prefiero decirlo a la cara antes que dejarlo ahí.» Diez minutos a puerta cerrada en Hapoel Tel Aviv, y los dos salieron diciendo que no pasaba nada.
20 partidos invicto como local. Los visitantes llegan ya hablando del ambiente, que suele ser la señal de que han perdido medio partido antes del saque inicial.
Dos goles y un 9.05 para acompañarlos. A los delanteros se los juzga por tardes como esta y se los recuerda por muchas menos de las que la gente imagina.
«Quiero ganar cosas y me gustaría hacerlo aquí.» No se ha exigido nada ni se ha amenazado con nada, pero una directiva como la de Hapoel Tel Aviv escucha una frase así exactamente como está construida.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Hapoel Tel Aviv cosas que tardan más de una semana en retirarse.
«Me acuerdo de la reunión. Me acuerdo exactamente de lo que se prometió en ella». Puede que Hapoel Tel Aviv lo recuerde de otra manera, que es precisamente el problema.
Emmanuel Boateng estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
Toca Bnei Yehuda, y los dos equipos a los que mira la categoría se miden entre sí. A quien gane le dirán que no hay nada decidido en la misma frase en que lo felicitan.
«Ya duraba demasiado. Prefiero decirlo a la cara antes que dejarlo ahí.» Diez minutos a puerta cerrada en Hapoel Tel Aviv, y los dos salieron diciendo que no pasaba nada.
Ha pasado un año y la ciudad sigue cerrada, el idioma sigue sin llegar, y el almuerzo en solitario se repite más de lo que nadie en Hapoel Tel Aviv reconocería. Los sábados se nota.
En toda plantilla hay uno de estos partidos para alguien cada temporada. Este es el de Daniel Dappa: el club que lo conoció primero, la afición que decidirá en el primer minuto si aplaude, y Hapoel Tel Aviv necesitando que juegue como si nada de eso importara.
«No vine aquí a calentar delante de la gente». El contrato se acaba algún día, sabe contar las semanas, y el Hapoel Tel Aviv tendrá que darle un motivo para quedarse o una salida.
En breve
El banquilloEl entrenador le hace una promesa a Jaime Báez