Ya van 15 sin ganar, y el estadio ha desarrollado ese silencio especial de la grada que espera lo peor. Un 1-0 feo lo curaría casi todo; eso es lo desesperante.
Regates completados: 25. Se fue de la gente como si le hubieran dicho que había un premio por hacerlo, y al final el lateral había dejado de fingir que lo intentaba.
4 partidos, ningún gol y una ciudad deportiva que lo ha probado todo. Terminará —las sequías siempre terminan—, pero nadie en el Osasuna Promesas sabe decir en qué semana.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Osasuna Promesas cosas que tardan más de una semana en retirarse.
«No vine aquí a calentar delante de la gente». El contrato se acaba algún día, sabe contar las semanas, y el Osasuna Promesas tendrá que darle un motivo para quedarse o una salida.
Dimitris Stamatakis estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
3 partidos, ningún gol y una ciudad deportiva que lo ha probado todo. Terminará —las sequías siempre terminan—, pero nadie en el Osasuna Promesas sabe decir en qué semana.
«Alineo a jugadores que hacen el trabajo. Todo el trabajo». No se pronunció ningún nombre; todas las cámaras giraron igualmente hacia Bruno, y el técnico lo permitió.
«Respeto al entrenador y no voy a sentarme aquí a fingir que estoy contento». Es la frase más repetida del fútbol y nunca ha sido el final de una historia.
«Treinta minutos, puerta cerrada, todo dicho. Después nos dimos la mano». Lo que hubo en esa sala se quedó en esa sala, y Asier Larrión entrenó a la mañana siguiente como un hombre con menos peso encima.
Otra semana, otro rumor, otro desmentido que nadie termina de creerse. En Osasuna Promesas saben que estas cosas las decide el mercado y no la prensa, pero la prensa hace más ruido.
2 arriba y con todo controlado, y terminó con Arenteiro como el equipo más feliz. No hay versión de esta tarde que el Osasuna Promesas disfrute revisando.
«No tengo nada malo que decir de este sitio. Simplemente necesito estar en otro.» Ya está por escrito, y eso cambia lo que Osasuna Promesas pueden fingir no haber oído.
6 partidos ya sin victoria, y las excusas se han gastado más deprisa que la paciencia. Alguien en Osasuna Promesas tiene que sacar un resultado de donde sea.
Bruno y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
A los 21 años lo cantan personas que le doblan la edad, un cariño que un fichaje tarda años en ganarse y que un chaval de la casa recibe por aparecer. También es lo más difícil de sostener que hay en el fútbol.
Una amarilla que no hacía falta, en una noche en la que el partido ya estaba ganado. Osasuna Promesas pierden a un jugador por el motivo más evitable que existe.
Ha dejado de ser un ambiente en la grada y ha pasado a ser algo organizado. Las directivas pueden ignorar mucho tiempo un mal clima; esta fase no la pueden ignorar demasiado.
5 partidos ya sin victoria, y las excusas se han gastado más deprisa que la paciencia. Alguien en Osasuna Promesas tiene que sacar un resultado de donde sea.
«Hay decisiones que llevan mucho tiempo. Esta llevó diez minutos, y la mayoría fueron para encontrar un bolígrafo». Bruno y Osasuna Promesas acuerdan 4 años más.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Osasuna Promesas cosas que tardan más de una semana en retirarse.
Tiene 23 años y el estadio ya canta su nombre, algo que les pasa a los chicos de la casa y casi nunca a los fichajes. Todo lo que venga a partir de aquí se medirá contra un cariño que no hizo nada por ganarse salvo ser de aquí.
Regates completados: 15. Se fue de la gente como si le hubieran dicho que había un premio por hacerlo, y al final el lateral había dejado de fingir que lo intentaba.
Cuatro o cinco jornadas de regularidad, medidas contra todos los de la división que hacen su trabajo. Asier Larrión sale de esa comparación dentro del equipo, y el Osasuna Promesas se ha beneficiado de cada una de esas tardes.
En breve
El banquilloNo hay sitio para Mikel García en la cita grande
MercadoIgnacio Rey y la cesión que no fue a ninguna parte
El banquilloMikel García pierde al técnico que creía en él
Puesto 20 y 15 puntos, y en esta parte de la ciudad la tabla se lee de abajo arriba. El calendario ha dejado de ser un programa y ha empezado a ser una cuenta atrás.
Tiene 22 años y el estadio ya canta su nombre, algo que les pasa a los chicos de la casa y casi nunca a los fichajes. Todo lo que venga a partir de aquí se medirá contra un cariño que no hizo nada por ganarse salvo ser de aquí.
Algunos partidos los decide un instante; este lo decidió un hombre. 7.96 en la ficha, y la afición del Osasuna Promesas se fue a casa repitiendo un nombre.
El once lo repite en público cada semana hasta que deje de ser verdad. Es la única forma de suplencia contra la que un futbolista no tiene argumentos, y la que más le cuesta digerir.
«Alineo a jugadores que hacen el trabajo. Todo el trabajo». No se pronunció ningún nombre; todas las cámaras giraron igualmente hacia Rafa Fernández, y el técnico lo permitió.
Se fue a celebrarlo como quien llevaba meses cargando con ello, porque lo llevaba. Osasuna Promesas tienen a su fichaje desatascado y una pregunta menos en cada rueda de prensa.
«No es un enfado. Llevo meses pensándolo, y nada de lo último me ha hecho cambiar de idea». La solicitud está sobre una mesa de Osasuna Promesas, y no se va a retirar.
Bruno y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
11 partidos sin gol. Los delanteros dejan de levantar la cabeza, los medios dan el toque de más, y cada disparo que se va por encima va seguido de un lamento que lleva acumulándose desde el último gol.
Regates completados: 25. Se fue de la gente como si le hubieran dicho que había un premio por hacerlo, y al final el lateral había dejado de fingir que lo intentaba.
Bruno y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
«Treinta minutos, puerta cerrada, todo dicho. Después nos dimos la mano». Lo que hubo en esa sala se quedó en esa sala, y Álex Jiménez entrenó a la mañana siguiente como un hombre con menos peso encima.
Mérida llega como líder. A un equipo de arriba se le gana más o menos una vez al mes, y el club que lo consigue se lleva una semana que recuerda durante un año.
Se ha desmentido dos veces y publicado tres, que es la aritmética habitual. Hasta que Álex Jiménez firme algo — un contrato en Osasuna Promesas o en cualquier otra parte —, esta columna es suya.
Ya van 14 sin ganar, y el estadio ha desarrollado ese silencio especial de la grada que espera lo peor. Un 1-0 feo lo curaría casi todo; eso es lo desesperante.
0‑4 para Cacereño, y fue tan malo como sugiere el número. Hay derrotas que se discuten y derrotas por las que se pide perdón; esta fue de las segundas.
8 partidos, ningún gol y una ciudad deportiva que lo ha probado todo. Terminará —las sequías siempre terminan—, pero nadie en el Osasuna Promesas sabe decir en qué semana.
Dimitris Stamatakis estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
4 partidos, dos o más encajados en todos ellos. Los equipos que generan tanto pueden convivir con eso una temporada corta. Nadie convive con eso para siempre.
Una lesión de rodilla de las peores para Jon García
23 días según la estimación, y un año largo, privado y sin glamour de una recuperación que nadie mira. El Osasuna Promesas pierde a un futbolista; él pierde bastante más que una temporada.
Ya van 11 sin ganar, y el estadio ha desarrollado ese silencio especial de la grada que espera lo peor. Un 1-0 feo lo curaría casi todo; eso es lo desesperante.
9 paradas, y un marcador al que los diez que tenía delante no tenían derecho. A los porteros solo se les mira en los días malos; este fue de los otros.
5 partidos sin gol. Los delanteros dejan de levantar la cabeza, los medios dan el toque de más, y cada disparo que se va por encima va seguido de un lamento que lleva acumulándose desde el último gol.
Bruno estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
89 días en el comunicado, y detrás un año de rehabilitación silenciosa que nadie verá. Osasuna Promesas pierde a un jugador por una temporada; él pierde algo más difícil de nombrar.
Una conversación en el despacho del entrenador, y un compromiso que salió de ella. Las promesas así salen baratas de hacer y caras de romper, y Mikel García ha apuntado la fecha.
«No le pido a nadie que sea mejor de lo que es. Le pido a todos que sean tan buenos como son, cada semana». Dicho en voz alta, delante de todos, y el vestuario de Osasuna Promesas fue distinto después.
En breve
El banquilloPablo Ferrer llama a la puerta del técnico
La lista es un documento discreto con un significado ruidoso. Álex Jiménez puede hablar con quien pregunte, y en el club todos saben lo que eso quiere decir.
El idioma va llegando, las bromas se entienden y en la percha de al lado hay alguien con quien hablar. Nada de eso sale en un informe de ojeadores y todo eso se ve en el campo.
La clase de año que termina con un nombre leído en voz alta en un salón. Osasuna Promesas lo disfrutó cada semana y ahora tiene el problema de que los demás lo saben.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Osasuna Promesas cosas que tardan más de una semana en retirarse.
«Treinta minutos, puerta cerrada, todo dicho. Después nos dimos la mano». Lo que hubo en esa sala se quedó en esa sala, y Dimitris Stamatakis entrenó a la mañana siguiente como un hombre con menos peso encima.
A los 20 fue el mejor de todos los de su edad en la categoría durante un fin de semana. Nadie debería construir una carrera sobre eso, y todos lo hacen en silencio.
Todas las ruedas de prensa empiezan y acaban ya igual: con el futuro de Rockson Yeboah. Al técnico se le han agotado las maneras nuevas de no decir nada.
1‑4 para Bilbao Athletic, y fue tan malo como sugiere el número. Hay derrotas que se discuten y derrotas por las que se pide perdón; esta fue de las segundas.
7.58, 1 en el marcador y la comedia concreta de un jugador de la línea de cuatro celebrando como quien hace esto cada semana. No lo hace, y por eso el estadio reaccionó como reaccionó.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Osasuna Promesas cosas que tardan más de una semana en retirarse.
Batido 4 veces y con 3 paradas por toda compañía. Estos marcadores se quedan en la ficha del portero los provoque quien los provoque, y esa es la injusticia silenciosa del oficio.
La grada esperó un gol que nunca llegó. Pontevedra defendió con todos, se marchó con lo que había venido a buscar, y los dos equipos podrían seguir jugando a estas horas sin estrenar el marcador.
Noventa minutos muy concretos pedían otro tipo de jugador, y el entrenador eligió uno. No está en mala forma y no está en el once, y las dos cosas son ciertas.
A los centrales se les permite subir dos veces por temporada y se los juzga por lo que hacen cuando llegan. Rockson Yeboah marcó, fue calificado con 7.48 y volvió antes de que nadie notara que se había ido.
Todas las ruedas de prensa empiezan y acaban ya igual: con el futuro de Mauro Echegoyen. Al técnico se le han agotado las maneras nuevas de no decir nada.
Noventa minutos muy concretos pedían otro tipo de jugador, y el entrenador eligió uno. No está en mala forma y no está en el once, y las dos cosas son ciertas.
Iban 13 partidos. Los jugadores no lo celebraron como hombres que han ganado un partido; lo celebraron como hombres a los que acaban de soltar de algo.
«No es un enfado. Llevo meses pensándolo, y nada de lo último me ha hecho cambiar de idea». La solicitud está sobre una mesa de Osasuna Promesas, y no se va a retirar.
Hay un silencio muy concreto en una grada visitante viendo a un hombre marcar dos veces. Rockson Yeboah lo produjo, y el 8.93 junto a su nombre es más bien generoso con todos los demás.
Notas de los jugadores12/04/2027
Bruno, 21 años, juega como si llevara aquí una vida: 7.84
Un 7.84 significa una cosa junto al nombre de un futbolista de veintinueve y otra muy distinta junto al de uno de 21. En el estadio nadie necesitó que se lo explicaran.
Dimitris Stamatakis y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
Hay una calidez concreta que un estadio reserva para un chico de 23 años que siente suyo. Raúl Chasco la tiene ya, y todo lo que haga durante el resto de su etapa aquí se medirá contra esa buena voluntad que le regalaron.
Se ha desmentido dos veces y publicado tres, que es la aritmética habitual. Hasta que Rockson Yeboah firme algo — un contrato en Osasuna Promesas o en cualquier otra parte —, esta columna es suya.
13 partidos ya sin victoria, y las excusas se han gastado más deprisa que la paciencia. Alguien en Osasuna Promesas tiene que sacar un resultado de donde sea.
Dos goles y un 8.93 para acompañarlos. A los delanteros se los juzga por tardes como esta y se los recuerda por muchas menos de las que la gente imagina.
El estado de forma va y viene; esto no se ha ido. Anton Yefremov tiene 23 años, y la versión que entrena ahora no habría entrado en el equipo en el que estaba hace un año.
Tiene 22 años y el estadio ya canta su nombre, algo que les pasa a los chicos de la casa y casi nunca a los fichajes. Todo lo que venga a partir de aquí se medirá contra un cariño que no hizo nada por ganarse salvo ser de aquí.
100 veces con esta camiseta, con cualquier tiempo y bajo cuatro o cinco entrenadores distintos. Esa clase de servicio se está yendo del fútbol sin hacer ruido.
Minuto 96, contra Guadalajara, y un gol que supo a victoria para todo el que se había quedado. Fue un empate. Nadie que salga del estadio lo va a describir así.
Ya van 7 sin ganar, y el estadio ha desarrollado ese silencio especial de la grada que espera lo peor. Un 1-0 feo lo curaría casi todo; eso es lo desesperante.
Bruno estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
«Hoy no hemos estado a la altura y no lo voy a maquillar». Mario Cortés tras el 1‑2, con el tono de quien sabe cuál es la siguiente pregunta y no piensa responderla.
Dos goles y un 8.67 para acompañarlos. A los delanteros se los juzga por tardes como esta y se los recuerda por muchas menos de las que la gente imagina.
Notas de los jugadores11/01/2027
Bruno, 21 años, juega como si llevara aquí una vida: 7.68
Un 7.68 significa una cosa junto al nombre de un futbolista de veintinueve y otra muy distinta junto al de uno de 21. En el estadio nadie necesitó que se lo explicaran.
A los 20 años hace esta temporada cosas que no podía hacer la pasada, y las hace cada semana. La forma va y viene; esto se ha quedado lo bastante como para llamarlo de otra manera.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Osasuna Promesas cosas que tardan más de una semana en retirarse.
Pregunte a cualquiera a la salida qué separó a los dos equipos y escuchará un nombre: Rockson Yeboah. 2‑1 ante Unionistas, y la ovación final fue sobre todo suya.
Tiene 20 años y el estadio ya canta su nombre, algo que les pasa a los chicos de la casa y casi nunca a los fichajes. Todo lo que venga a partir de aquí se medirá contra un cariño que no hizo nada por ganarse salvo ser de aquí.
«Nos lo hemos ganado. Les pedí una reacción y la he tenido, y ahora quiero lo mismo el sábado». Mario Cortés sobre una tarde de 2‑1 que le gustó más de lo que estaba dispuesto a enseñar.
15 partidos sin ganar es la clase de racha que cambia cómo una ciudad habla de su club, y Bilbao Athletic fue la tarde en que se detuvo. Un resultado no arregla nada y con uno todo parece distinto.
El estado de forma va y viene; esto no se ha ido. Anton Yefremov tiene 23 años, y la versión que entrena ahora no habría entrado en el equipo en el que estaba hace un año.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Osasuna Promesas cosas que tardan más de una semana en retirarse.
Tiene 22 años y el estadio ya canta su nombre, algo que les pasa a los chicos de la casa y casi nunca a los fichajes. Todo lo que venga a partir de aquí se medirá contra un cariño que no hizo nada por ganarse salvo ser de aquí.
Pregunte a cualquiera a la salida qué separó a los dos equipos y escuchará un nombre: Martín Pedroarena. 1‑0 ante Bilbao Athletic, y la ovación final fue sobre todo suya.
7.50, y ninguna discusión seria por parte de quien estuvo allí. El Osasuna Promesas tenía once hombres sobre el campo y uno de ellos decidió cómo salía.
«Nos lo hemos ganado. Les pedí una reacción y la he tenido, y ahora quiero lo mismo el sábado». Mario Cortés sobre una tarde de 1‑0 que le gustó más de lo que estaba dispuesto a enseñar.
Ya van 9 sin ganar, y el estadio ha desarrollado ese silencio especial de la grada que espera lo peor. Un 1-0 feo lo curaría casi todo; eso es lo desesperante.
Asier Bonel y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
«Un punto es un punto y me lo quedo, pero debimos llevarnos los tres». Mario Cortés tras el empate 1‑1, y la frase que todo entrenador del país ha dicho en algún momento de este fin de semana.
«Aquí nadie está por encima de que le digan las cosas.» No se dijo ningún nombre, pero el vestuario sabe contar, y quien escuchaba también.
Plantilla09/11/2026
Un joven del Osasuna Promesas se lleva el premio al mejor sub-21
Asier Bonel tiene 18 años y durante un fin de semana fue el mejor de todos los de su edad en la división. Nadie debería construir una carrera sobre eso, y todo el mundo lo hace en silencio.
La oferta de Mirandés por Asier Bonel se escuchó y se devolvió el mismo día. Las primeras ofertas rara vez pretenden triunfar; pretenden averiguar con qué fuerza se cierra la puerta.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Osasuna Promesas cosas que tardan más de una semana en retirarse.
Dimitris Stamatakis estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
Una cara nueva en su posición y, de repente, Diego Espejo tiene que reconquistar lo que creía suyo. El Osasuna Promesas no ha prometido nada: en esta fase casi nunca se promete.