32 días según la estimación, y un año largo, privado y sin glamour de una recuperación que nadie mira. El Belgrano pierde a un futbolista; él pierde bastante más que una temporada.
Franco Vázquez y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
La discusión más vieja de cualquier vestuario y la única que va de verdad sobre fútbol: uno cree que el otro no pone lo suficiente. También es la bronca que a un entrenador, en privado, no le disgusta que haya ocurrido.
Se ha desmentido dos veces y publicado tres, que es la aritmética habitual. Hasta que Santiago Longo firme algo — un contrato en Belgrano o en cualquier otra parte —, esta columna es suya.
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Nadie en el Belgrano lo dirá para la grabadora y las alineaciones llevan semanas diciéndolo. En toda plantilla hay un grupo pequeño al que se recurre cuando el partido es difícil, y él ya está dentro.
Una conversación en el despacho del entrenador, y un compromiso que salió de ella. Las promesas así salen baratas de hacer y caras de romper, y Nicolás Fernández ha apuntado la fecha.
107 días en el comunicado, y detrás un año de rehabilitación silenciosa que nadie verá. Belgrano pierde a un jugador por una temporada; él pierde algo más difícil de nombrar.
Los huesos sueldan. Es lo único piadoso de esta lesión y la razón por la que en el Belgrano hablarán de ella con más franqueza que de una rodilla. Volverá, y más o menos cuando digan.
«No era lo adecuado para mí. No voy a explicar por qué a nadie salvo a quienes les debo una explicación». Un acuerdo cerrado entre dos clubes, y un jugador que declinó formar parte de él.
Franco Vázquez estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
Una operación que a mediodía estaba a una llamada de cerrarse había muerto a medianoche. Belgrano volverá a intentarlo cuando se abra el mercado; puede que para entonces Chacarita Juniors ya no venda.
«Fueron honestos conmigo, y prefiero saberlo.» A Adrián Spörle le han comunicado que no entra en los planes del técnico de Belgrano.
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16 caras nuevas y el Belgrano todavía se está conociendo
Una plantilla reconstruida en un solo mercado lo paga en una moneda que nadie presupuesta. El fútbol no es peor que la suma de los jugadores: es peor que la suma de los jugadores que ya han jugado juntos.
«Alineo a jugadores que hacen el trabajo. Todo el trabajo». No se pronunció ningún nombre; todas las cámaras giraron igualmente hacia Fabricio Mendieta, y el técnico lo permitió.
Otra semana, otro rumor, otro desmentido que nadie termina de creerse. En Belgrano saben que estas cosas las decide el mercado y no la prensa, pero la prensa hace más ruido.
En breve
El banquilloAmy Fleurilus se ha convertido en un hombre de confianza del técnico
El banquilloA Adrián Spörle le han prometido minutos
Franco Vázquez se lesiona los ligamentos de la rodilla: 138 días de baja
Las palabras que un fisio dice despacio. 138 días es lo que anunciará el club, y cualquiera que haya oído antes este diagnóstico sabe que la cifra es lo de menos: la rodilla vuelve antes que el jugador.
La clasificación está hecha y la próxima temporada los focos se encenderán para algo más grande. Un escenario para los jugadores, oxígeno para las cuentas y un pasaporte para los demás.
La clase de año que termina con un nombre leído en voz alta en un salón. Belgrano lo disfrutó cada semana y ahora tiene el problema de que los demás lo saben.
A los 19 años hace esta temporada cosas que no podía hacer la pasada, y las hace cada semana. La forma va y viene; esto se ha quedado lo bastante como para llamarlo de otra manera.
Ni ahora, ni a ningún precio que el club estuviera dispuesto a decir en voz alta. Gimnasia y Esgrima conserva a su hombre, y Belgrano vuelve a una lista con un nombre tachado.
La discusión más vieja de cualquier vestuario y la única que va de verdad sobre fútbol: uno cree que el otro no pone lo suficiente. También es la bronca que a un entrenador, en privado, no le disgusta que haya ocurrido.