Gabriel Otero choca con un compañero por las exigencias
La discusión más vieja de cualquier vestuario y la única que va de verdad sobre fútbol: uno cree que el otro no pone lo suficiente. También es la bronca que a un entrenador, en privado, no le disgusta que haya ocurrido.
Se explicará como un cambio por el bien del equipo, y puede que incluso lo sea. Nadie que lo haya llevado se lo cree, y tampoco el hombre al que acaban de quitárselo.
«Treinta minutos, puerta cerrada, todo dicho. Después nos dimos la mano». Lo que hubo en esa sala se quedó en esa sala, y Alejandro Ferraresi entrenó a la mañana siguiente como un hombre con menos peso encima.
Los debuts se sobreviven, no se disfrutan. Este se disfrutó: 7.02, 1 goles y un entrenador al que ya le preguntan si vuelve a ser titular la semana que viene.
Por detrás, y batido según cualquier lectura honesta, hasta el minuto 91. Aragua tenía los puntos en el bolsillo y un rincón de la grada seguía creyendo, que es cuando suele pasar.
«Alineo a jugadores que hacen el trabajo. Todo el trabajo». No se pronunció ningún nombre; todas las cámaras giraron igualmente hacia Junior Rondon, y el técnico lo permitió.
3‑3, y los dos vestuarios lo llamarán dos puntos perdidos. Un empate que planteó muchas preguntas y no respondió ninguna.
Plantilla03/08/2026
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