A los 15 años lo cantan personas que le doblan la edad, un cariño que un fichaje tarda años en ganarse y que un chaval de la casa recibe por aparecer. También es lo más difícil de sostener que hay en el fútbol.
Nota de 8.32: de esas cifras que un cronista apunta dos veces para asegurarse. Le salió todo lo que intentó, y lo que no intentó no merecía la pena.
Plantilla22/03/2032
Palabras en el entrenamiento del Quilmes sobre quién trabaja
Alguien dijo en voz alta lo que varios pensaban. Sergio Domínguez está en el centro, y la plantilla averiguará ahora si el listón sube o si los dos simplemente dejan de hablarse.
«Nos lo hemos ganado. Les pedí una reacción y la he tenido, y ahora quiero lo mismo el sábado». Andrés Di María sobre una tarde de 1‑0 que le gustó más de lo que estaba dispuesto a enseñar.
Regates completados: 14. Se fue de la gente como si le hubieran dicho que había un premio por hacerlo, y al final el lateral había dejado de fingir que lo intentaba.
Una lesión de rodilla de las peores para Julián Méndez
75 días según la estimación, y un año largo, privado y sin glamour de una recuperación que nadie mira. El Quilmes pierde a un futbolista; él pierde bastante más que una temporada.
Esteban Glellel estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
Regates completados: 17. Se fue de la gente como si le hubieran dicho que había un premio por hacerlo, y al final el lateral había dejado de fingir que lo intentaba.
La música estaba apagada y las duchas corrieron tarde. Lo que se dijo en ese vestuario se queda allí, pero el sábado publicará el acta.
El banquillo25/08/2031
El veredicto del entrenador
«Es culpa mía. Yo elijo el equipo y elegí mal». Los entrenadores dicen eso cuando lo sienten y cuando necesitan que se vea que lo dicen, y después del 0‑3 Andrés Di María salió de la sala antes de que nadie pudiera preguntar cuál de las dos era.
89 días en el comunicado, y detrás un año de rehabilitación silenciosa que nadie verá. Quilmes pierde a un jugador por una temporada; él pierde algo más difícil de nombrar.
Los clubes han llegado a un acuerdo, y lo que queda es puro trámite: reconocimiento médico, fotografía y firma. En Quilmes nadie finge que volverá a vestir la camiseta.
Esteban Glellel y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
«Hay decisiones que llevan mucho tiempo. Esta llevó diez minutos, y la mayoría fueron para encontrar un bolígrafo». León y Quilmes acuerdan 3 años más.
Hay una calidez concreta que un estadio reserva para un chico de 23 años que siente suyo. Jerson Ortiz la tiene ya, y todo lo que haga durante el resto de su etapa aquí se medirá contra esa buena voluntad que le regalaron.
Pregunte a cualquiera a la salida qué separó a los dos equipos y escuchará un nombre: Jerson Ortiz. 2‑0 ante Estudiantes, y la ovación final fue sobre todo suya.
«Alineo a jugadores que hacen el trabajo. Todo el trabajo». No se pronunció ningún nombre; todas las cámaras giraron igualmente hacia Rodrigo Novo, y el técnico lo permitió.
Notas de los jugadores11/08/2031
Noventa minutos de Jerson Ortiz en su mejor versión
Calificado con 8.13. Hay carreras enteras sin una sola tarde así, y él acaba de tener una delante de todo el Quilmes.
«No es un enfado. Llevo meses pensándolo, y nada de lo último me ha hecho cambiar de idea». La solicitud está sobre una mesa de Quilmes, y no se va a retirar.
Directiva21/07/2031
Cierra el mercado en Quilmes: 3 de alta, 4 de baja
Ha pasado la hora límite y la plantilla es la que es. Altas, 3; bajas, 4; y todo lo demás que se publicó sobre este club el mes pasado fue un rumor que se quedó en rumor.
«Hoy no hemos estado a la altura y no lo voy a maquillar». Andrés Di María tras el 0‑2, con el tono de quien sabe cuál es la siguiente pregunta y no piensa responderla.
Quilmes ha hecho la llamada a Unión de Santa Fe. Sin traspaso, con una parte de la ficha, y una camiseta de repuesto en el puesto donde la plantilla ha estado más corta toda la temporada.
A San Martín le han preguntado si lo prestaría. Las cesiones se acuerdan rápido o no se acuerdan, y esta será una cosa o la otra antes del fin de semana.
No se anuncia nunca y se ve del todo: las tardes más grandes de la temporada lo siguen incluyendo. Una tribuna de prensa lo deduce mucho antes de que nadie en el club confirme una sola palabra.
Empate en el minuto 87, tras una tarde que Quilmes tenía prácticamente cerrada. Los Andes lo llamará un punto ganado; el vestuario local lo llamará dos regalados, y los dos tienen razón.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Quilmes cosas que tardan más de una semana en retirarse.
Calificado con 8.13. Hay carreras enteras sin una sola tarde así, y él acaba de tener una delante de todo el Quilmes.
El banquillo24/03/2031
El veredicto del entrenador
«Es culpa mía. Yo elijo el equipo y elegí mal». Los entrenadores dicen eso cuando lo sienten y cuando necesitan que se vea que lo dicen, y después del 1‑3 Andrés Di María salió de la sala antes de que nadie pudiera preguntar cuál de las dos era.
Se ha desmentido dos veces y publicado tres, que es la aritmética habitual. Hasta que Agustín Bolívar firme algo — un contrato en Quilmes o en cualquier otra parte —, esta columna es suya.
Regates completados: 27. Se fue de la gente como si le hubieran dicho que había un premio por hacerlo, y al final el lateral había dejado de fingir que lo intentaba.
«El mérito es de los jugadores. Hoy mi trabajo ha sido fácil». No lo fue, y todos en la sala lo sabían; después de un 1‑0, Andrés Di María podía permitirse ser generoso.
De los campos de la cantera a una convocatoria del primer equipo a los 17. El debut es la parte fácil; el segundo partido es el que todo joven tiene que ganarse.
Se ha desmentido dos veces y publicado tres, que es la aritmética habitual. Hasta que Samir Meza firme algo — un contrato en Quilmes o en cualquier otra parte —, esta columna es suya.
77 días en el comunicado, y detrás un año de rehabilitación silenciosa que nadie verá. Quilmes pierde a un jugador por una temporada; él pierde algo más difícil de nombrar.
Regates completados: 32. Se fue de la gente como si le hubieran dicho que había un premio por hacerlo, y al final el lateral había dejado de fingir que lo intentaba.
Se ha jugado el último partido de liga y la tabla ha dejado de moverse: 45 puntos. El verano empieza el lunes, y con él la discusión sobre qué ha significado todo esto.
«No es un enfado. Llevo meses pensándolo, y nada de lo último me ha hecho cambiar de idea». La solicitud está sobre una mesa de Quilmes, y no se va a retirar.
Esteban Glellel estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
Alguien dijo en voz alta lo que varios pensaban sobre cuánto se esfuerza otro en los entrenamientos, y Tiago Azame estaba en medio. La única discusión de vestuario que de verdad va de fútbol.
112 días según la estimación, y un año largo, privado y sin glamour de una recuperación que nadie mira. El Quilmes pierde a un futbolista; él pierde bastante más que una temporada.
Los clubes han llegado a un acuerdo, y lo que queda es puro trámite: reconocimiento médico, fotografía y firma. En Quilmes nadie finge que volverá a vestir la camiseta.
Hay una edad a partir de la cual toda buena tarde se describe como un recuerdo del pasado, lo cual es injusto y también exacto. 8.16 con 34 años, y nadie en el campo estuvo mejor.
Hay una calidez concreta que un estadio reserva para un chico de 18 años que siente suyo. Joaquín Ramos la tiene ya, y todo lo que haga durante el resto de su etapa aquí se medirá contra esa buena voluntad que le regalaron.
Federico Mazzurco se lesiona los ligamentos de la rodilla: 126 días de baja
Las palabras que un fisio dice despacio. 126 días es lo que anunciará el club, y cualquiera que haya oído antes este diagnóstico sabe que la cifra es lo de menos: la rodilla vuelve antes que el jugador.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Quilmes cosas que tardan más de una semana en retirarse.
«La afición tiene derecho a estar enfadada. Yo también lo estoy. Lo vamos a arreglar». 0‑3, un entrenador diciendo lo que toca, y un vestuario que escuchó una versión distinta.
Esteban Glellel estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
«Podría hablar de decisiones arbitrales y podría hablar de suerte. No lo voy a hacer. Hemos perdido». El entrenador, el 0‑2, y una rueda de prensa que duró cuatro minutos.
Alguien dijo en voz alta lo que varios pensaban sobre cuánto se esfuerza otro en los entrenamientos, y Dimitris Merkis estaba en medio. La única discusión de vestuario que de verdad va de fútbol.
La única versión de quedarse fuera contra la que un jugador no puede alegar, y la que peor lleva. Otro lo ha hecho mejor y la alineación lo dice, en público, cada semana hasta que cambie.
Todas las ruedas de prensa empiezan y acaban ya igual: con el futuro de Agustín Bolívar. Al técnico se le han agotado las maneras nuevas de no decir nada.