29 partidos ya sin victoria, y las excusas se han gastado más deprisa que la paciencia. Alguien en Los Andes tiene que sacar un resultado de donde sea.
Directiva18/09/2034
El silencio de arriba empieza a sonar en Los Andes
Nadie en la directiva ha dicho nada contra el entrenador, y ese es justo el problema: tampoco dicen ya nada a favor.
Brutal, inequívoca y, pese al horror del momento, normalmente menos determinante para una carrera que el ligamento al que todos temen más. 15 días, un calendario limpio y una fecha de vuelta con la que de verdad se puede planificar.
7 partidos sin gol. Los delanteros dejan de levantar la cabeza, los medios dan el toque de más, y cada disparo que se va por encima va seguido de un lamento que lleva acumulándose desde el último gol.
Hay tardes en las que el portero es todo el equipo. 6 paradas, varias de ellas de las que nadie espera ver detenidas, y un marcador que favorece a los diez que tenía delante.
Lautaro López estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
23 partidos ya sin victoria, y las excusas se han gastado más deprisa que la paciencia. Alguien en Los Andes tiene que sacar un resultado de donde sea.
Ha dejado de ser un ambiente en la grada y ha pasado a ser algo organizado. Las directivas pueden ignorar mucho tiempo un mal clima; esta fase no la pueden ignorar demasiado.
Jairo Ebel estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
Ni ahora, ni a ningún precio que el club estuviera dispuesto a decir en voz alta. Godoy Cruz conserva a su hombre, y Los Andes vuelve a una lista con un nombre tachado.
22 partidos ya sin victoria, y las excusas se han gastado más deprisa que la paciencia. Alguien en Los Andes tiene que sacar un resultado de donde sea.
Arriba nadie ha dicho nada, que es lo más ruidoso que podían hacer. Los resultados compran silencio en este oficio; la cuenta de Los Andes se está agotando.
Hay exactamente uno de estos por carrera y normalmente no sale así. 1 en el marcador, 7.28 junto al nombre y una grada que no lo había visto nunca coreándolo al final.
Notas de los jugadores24/07/2034
Pipa, 20 años, juega como si llevara aquí una vida: 7.71
Un 7.71 significa una cosa junto al nombre de un futbolista de veintinueve y otra muy distinta junto al de uno de 20. En el estadio nadie necesitó que se lo explicaran.
Partido22/07/2034
Ninguna portería a cero a la vista para el Los Andes
Ya van 7 partidos con al menos dos en contra. Se ha reordenado la defensa, se ha respaldado al portero en público, y los goles siguen entrando igual.
Directiva24/07/2034
Pasa el cierre con 5 de alta y 9 de baja
Ese es todo el negocio hecho en Los Andes hasta que vuelva a abrirse el mercado. Si fue suficiente se responderá los sábados y no en una columna, y el primer sábado está cerca.
Ni ahora, ni a ningún precio que el club estuviera dispuesto a decir en voz alta. Colegiales conserva a su hombre, y Los Andes vuelve a una lista con un nombre tachado.
El reloj hizo lo que Gimnasia y Esgrima no quiso, y le puso fin. Los aficionados que siguieron la cuenta atrás pasarán el próximo mercado haciéndolo otra vez.
En breve
Notas de los jugadoresLautaro López los va pasando de uno en uno
Lo que vieneUn partido de seis puntos para Los Andes
Ya van 18 sin ganar, y el estadio ha desarrollado ese silencio especial de la grada que espera lo peor. Un 1-0 feo lo curaría casi todo; eso es lo desesperante.
Los huesos sueldan. Es lo único piadoso de esta lesión y la razón por la que en el Los Andes hablarán de ella con más franqueza que de una rodilla. Volverá, y más o menos cuando digan.
Directiva26/06/2034
El silencio de arriba empieza a sonar en Los Andes
Nadie en la directiva ha dicho nada contra el entrenador, y ese es justo el problema: tampoco dicen ya nada a favor.
24 días según la estimación, y un año largo, privado y sin glamour de una recuperación que nadie mira. El Los Andes pierde a un futbolista; él pierde bastante más que una temporada.
7 paradas, y un marcador al que los diez que tenía delante no tenían derecho. A los porteros solo se les mira en los días malos; este fue de los otros.
5 partidos, ningún gol y una ciudad deportiva que lo ha probado todo. Terminará —las sequías siempre terminan—, pero nadie en el Los Andes sabe decir en qué semana.
Un reconocimiento médico, una firma, una camiseta sostenida delante de un panel de patrocinadores. Los Andes ha hecho la parte difícil con Huracán, y lo que queda es la parte que la afición ve de verdad.
Los Andes lo había hecho todo salvo convencer al hombre en cuestión. Se queda en San Lorenzo, y el entrenador vuelve a empezar de cero con el dinero todavía en el banco.
En breve
PlantillaJairo Ebel, en un rifirrafe con un compañero
Objetivos de mercadoPuerta cerrada por Axel Ledesma
Arriba nadie ha dicho nada, que es lo más ruidoso que podían hacer. Los resultados compran silencio en este oficio; la cuenta de Los Andes se está agotando.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Los Andes cosas que tardan más de una semana en retirarse.
100 veces con esta camiseta, con cualquier tiempo y bajo cuatro o cinco entrenadores distintos. Esa clase de servicio se está yendo del fútbol sin hacer ruido.
Ya van 9 sin ganar, y el estadio ha desarrollado ese silencio especial de la grada que espera lo peor. Un 1-0 feo lo curaría casi todo; eso es lo desesperante.
Puesto 17 y 5 puntos, y en esta parte de la ciudad la tabla se lee de abajo arriba. El calendario ha dejado de ser un programa y ha empezado a ser una cuenta atrás.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Los Andes cosas que tardan más de una semana en retirarse.
100 partidos con estos colores. Una entrega así es cada temporada más rara, y la grada lo sabe.
El banquillo24/04/2034
La vista desde el banquillo
«No hemos perdido. Hay semanas en que eso es todo lo que hay, y prefiero tener el punto a no tenerlo». Interim Coach eligió la versión del vaso medio lleno del 0‑0; la afición se fue con la otra.
13 veces se puso por medio. De los centrales se escribe cuando fallan y se los ignora cuando no, así que una tarde así hay que decirla en voz alta: él es la razón de que el marcador diga lo que dice.
La afición se organiza contra la directiva de Los Andes
Un mal ambiente se puede esperar a que pase. Un grupo de gente que se reúne después para decidir qué hacer al respecto, no, y todos en el club saben en qué fase están.
Por detrás, y batido según cualquier lectura honesta, hasta el minuto 90. Estudiantes tenía los puntos en el bolsillo y un rincón de la grada seguía creyendo, que es cuando suele pasar.
El entrenador tiene una lista y la directiva le ha puesto una condición. No es una crisis, medio fútbol funciona así, pero decide cuál de los dos se sale con la suya en agosto.
«No es el fin del mundo y no es suficiente. Las dos cosas son verdad». El entrenador, tras un empate 1‑1, dijo lo honesto y luego entró a decirlo otra vez.
«Me acuerdo de la reunión. Me acuerdo exactamente de lo que se prometió en ella». Puede que Los Andes lo recuerde de otra manera, que es precisamente el problema.
«Alineo a jugadores que hacen el trabajo. Todo el trabajo». No se pronunció ningún nombre; todas las cámaras giraron igualmente hacia Milton Camacho, y el técnico lo permitió.
«El míster no usó muchas palabras, y no le hicieron falta». Alejandro Lara ya tiene su respuesta de Los Andes; lo que haga con ella es la historia de la próxima ventana.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Los Andes cosas que tardan más de una semana en retirarse.
«La afición tiene derecho a estar enfadada. Yo también lo estoy. Lo vamos a arreglar». 0‑3, un entrenador diciendo lo que toca, y un vestuario que escuchó una versión distinta.
Noventa minutos de muy poco y luego todo de golpe. El gol llegó en el 86, y Almagro pasó lo que quedaba protestando al árbitro en lugar de perseguir el balón.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Los Andes cosas que tardan más de una semana en retirarse.
A los 20 años lo cantan personas que le doblan la edad, un cariño que un fichaje tarda años en ganarse y que un chaval de la casa recibe por aparecer. También es lo más difícil de sostener que hay en el fútbol.
El banquillo20/02/2034
La vista desde el banquillo
«Lo hemos controlado. Hubo fases que no me gustaron y las miraremos, pero el grupo me ha enseñado algo». Interim Coach, sobre una victoria por 2‑1 que ya iba desmenuzando de camino a la sala de prensa.
«Treinta minutos, puerta cerrada, todo dicho. Después nos dimos la mano». Lo que hubo en esa sala se quedó en esa sala, y Milton Camacho entrenó a la mañana siguiente como un hombre con menos peso encima.
En breve
PlantillaUn joven del Los Andes se lleva el premio al mejor sub-21
Ya van 42 sin ganar, y el estadio ha desarrollado ese silencio especial de la grada que espera lo peor. Un 1-0 feo lo curaría casi todo; eso es lo desesperante.
La grada13/02/2034
El ánimo en el Los Andes ha cambiado de naturaleza
Los aficionados que cantan cuando va mal son aficionados. Los que se quedan concentrados a la salida son un problema, y dentro del edificio todos saben cuál de las dos cosas es esto ahora.
6 partidos, ningún gol y una ciudad deportiva que lo ha probado todo. Terminará —las sequías siempre terminan—, pero nadie en el Los Andes sabe decir en qué semana.
Lautaro López y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
Ya van 36 sin ganar, y el estadio ha desarrollado ese silencio especial de la grada que espera lo peor. Un 1-0 feo lo curaría casi todo; eso es lo desesperante.
Los huesos sueldan. Es lo único piadoso de esta lesión y la razón por la que en el Los Andes hablarán de ella con más franqueza que de una rodilla. Volverá, y más o menos cuando digan.
Puesto 18, 4 puntos y un calendario con menos partidos que excusas. Las matemáticas todavía no son crueles, pero ya han dejado de ser amables.
Notas de los jugadores12/09/2033
Pipa, 19 años, juega como si llevara aquí una vida: 7.72
Un 7.72 significa una cosa junto al nombre de un futbolista de veintinueve y otra muy distinta junto al de uno de 19. En el estadio nadie necesitó que se lo explicaran.
«No es un enfado. Llevo meses pensándolo, y nada de lo último me ha hecho cambiar de idea». La solicitud está sobre una mesa de Los Andes, y no se va a retirar.
Lautaro López estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
Ha dejado de ser un ambiente en la grada y ha pasado a ser algo organizado. Las directivas pueden ignorar mucho tiempo un mal clima; esta fase no la pueden ignorar demasiado.
Brutal, inequívoca y, pese al horror del momento, normalmente menos determinante para una carrera que el ligamento al que todos temen más. 65 días, un calendario limpio y una fecha de vuelta con la que de verdad se puede planificar.
Los Andes preguntó y Unión de Santa Fe dijo que no sin discutir una cifra. Es la respuesta menos ambigua del fútbol y la que los clubes más a menudo vuelven a poner a prueba.
Tiene 20 años y el estadio ya canta su nombre, algo que les pasa a los chicos de la casa y casi nunca a los fichajes. Todo lo que venga a partir de aquí se medirá contra un cariño que no hizo nada por ganarse salvo ser de aquí.
Los dos clubes en el barro, un partido entre ellos, y un estadio que estará más ruidoso y más asustado que en cualquier otro momento de la temporada. Los Andes sabe lo que hay en juego, y también lo sabe todo el fondo visitante.
Regates completados: 17. Se fue de la gente como si le hubieran dicho que había un premio por hacerlo, y al final el lateral había dejado de fingir que lo intentaba.
Puesto 18 y 1 puntos, y en esta parte de la ciudad la tabla se lee de abajo arriba. El calendario ha dejado de ser un programa y ha empezado a ser una cuenta atrás.
8 paradas, y un marcador al que los diez que tenía delante no tenían derecho. A los porteros solo se les mira en los días malos; este fue de los otros.
«No tengo nada malo que decir de este sitio. Simplemente necesito estar en otro.» Ya está por escrito, y eso cambia lo que Los Andes pueden fingir no haber oído.
Jairo Ebel estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
«Alineo a jugadores que hacen el trabajo. Todo el trabajo». No se pronunció ningún nombre; todas las cámaras giraron igualmente hacia Alejandro Lara, y el técnico lo permitió.
«La afición tiene derecho a estar enfadada. Yo también lo estoy. Lo vamos a arreglar». 1‑3, un entrenador diciendo lo que toca, y un vestuario que escuchó una versión distinta.