Los clubes han llegado a un acuerdo, y lo que queda es puro trámite: reconocimiento médico, fotografía y firma. En Chikhura nadie finge que volverá a vestir la camiseta.
«Ya duraba demasiado. Prefiero decirlo a la cara antes que dejarlo ahí.» Diez minutos a puerta cerrada en Chikhura, y los dos salieron diciendo que no pasaba nada.
Dila avanza y Chikhura se vuelve a casa, con el 0-1 como sentencia. El vestuario dirá ahora que la prioridad es la liga, porque eso es lo que dicen los vestuarios.
«No tengo nada malo que decir de este sitio. Simplemente necesito estar en otro.» Ya está por escrito, y eso cambia lo que Chikhura pueden fingir no haber oído.
La racha sin perder llega a 7. Algunas fueron victorias y otras, escapadas, pero un equipo que se niega a perder es un equipo del que se habla en otros vestuarios.
«Antes de firmar se me dijeron cosas. No las voy a repetir, pero me acuerdo de todas.» Chikhura no han contestado, que también es una forma de contestar.
La racha sin perder llega a 6. Algunas fueron victorias y otras, escapadas, pero un equipo que se niega a perder es un equipo del que se habla en otros vestuarios.
Una tanda se recuerda por su final, y esta termina con Apostolos Tsilingiris: 2 penaltis detenidos y una afición que los describirá uno por uno durante los próximos veinte años.
«Antes de firmar se me dijeron cosas. No las voy a repetir, pero me acuerdo de todas.» Chikhura no han contestado, que también es una forma de contestar.
«Antes de firmar se me dijeron cosas. No las voy a repetir, pero me acuerdo de todas.» Chikhura no han contestado, que también es una forma de contestar.
«No tengo nada malo que decir de este sitio. Simplemente necesito estar en otro.» Ya está por escrito, y eso cambia lo que Chikhura pueden fingir no haber oído.
Otra semana, otro rumor, otro desmentido que nadie termina de creerse. En Chikhura saben que estas cosas las decide el mercado y no la prensa, pero la prensa hace más ruido.
Otra semana, otro rumor, otro desmentido que nadie termina de creerse. En Chikhura saben que estas cosas las decide el mercado y no la prensa, pero la prensa hace más ruido.
Una cara nueva en su posición y, de repente, Ilia Buzaladze tiene que reconquistar lo que creía suyo. El Chikhura no ha prometido nada: en esta fase casi nunca se promete.
Guðmann Þórisson tiene 39 y ya no le queda nada por demostrar. Le queda saber dónde colocarse, cuándo bajar el ritmo y qué decir en el descanso, y nada de eso sale en una gráfica física.
Eirik Wollen Steen tiene 33 y ya no le queda nada por demostrar. Le queda saber dónde colocarse, cuándo bajar el ritmo y qué decir en el descanso, y nada de eso sale en una gráfica física.