Los clubes han llegado a un acuerdo, y lo que queda es puro trámite: reconocimiento médico, fotografía y firma. En Atlas nadie finge que volverá a vestir la camiseta.
«Ya duraba demasiado. Prefiero decirlo a la cara antes que dejarlo ahí.» Diez minutos a puerta cerrada en Atlas, y los dos salieron diciendo que no pasaba nada.
Otra semana, otro rumor, otro desmentido que nadie termina de creerse. En Atlas saben que estas cosas las decide el mercado y no la prensa, pero la prensa hace más ruido.
Un error en defensa es un susto; un error bajo palos es un gol. Camilo Vargas lo sabe, la grada lo supo al instante y detrás de él no había nadie para convertirlo en otra cosa.
Otra semana, otro rumor, otro desmentido que nadie termina de creerse. En Atlas saben que estas cosas las decide el mercado y no la prensa, pero la prensa hace más ruido.
«Tengo ambiciones y me gustaría que el club las compartiera». Nadie ha pedido salir ni le han señalado la puerta, pero un jugador elige esa frase con cuidado y un despacho la escucha exactamente como fue pensada.
La grada esperó un gol que nunca llegó. Puebla defendió con todos, se marchó con lo que había venido a buscar, y los dos equipos podrían seguir jugando a estas horas sin estrenar el marcador.
Movido de lado a lado, cambiado antes de hora, corriendo lo que no le toca: Rodrigo Schlegel está harto de ser útil y querría ser titular. En Atlas lo saben, y lo saben desde hace semanas.
«Agradezco los partidos, pero no me hice futbolista para ser el recambio de nadie.» Quiere estar en Atlas, y 0 partidos en 5 dicen que se ha ganado que le escuchen.
Se fue a celebrarlo como quien llevaba meses cargando con ello, porque lo llevaba. Atlas tienen a su fichaje desatascado y una pregunta menos en cada rueda de prensa.
Un club que deja pasar una falta de disciplina está invitando a la siguiente, así que se ha ido una semana de sueldo. Asunto cerrado, al menos oficialmente.