Regates completados: 21. Se fue de la gente como si le hubieran dicho que había un premio por hacerlo, y al final el lateral había dejado de fingir que lo intentaba.
Tiene 23 años y el estadio ya canta su nombre, algo que les pasa a los chicos de la casa y casi nunca a los fichajes. Todo lo que venga a partir de aquí se medirá contra un cariño que no hizo nada por ganarse salvo ser de aquí.
«Alineo a jugadores que hacen el trabajo. Todo el trabajo». No se pronunció ningún nombre; todas las cámaras giraron igualmente hacia Iván Cartés, y el técnico lo permitió.
Mariano Nichele y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
El once lo repite en público cada semana hasta que deje de ser verdad. Es la única forma de suplencia contra la que un futbolista no tiene argumentos, y la que más le cuesta digerir.
«Nos lo hemos ganado. Les pedí una reacción y la he tenido, y ahora quiero lo mismo el sábado». Matias Olivera sobre una tarde de 1‑0 que le gustó más de lo que estaba dispuesto a enseñar.
Las eliminatorias esperan a que alguien las agarre, y Mauro Villar lo hizo ante Progreso. 2‑1 al final, y en el bombo de la siguiente ronda está Cerro.
A los centrales se les permite subir dos veces por temporada y se los juzga por lo que hacen cuando llegan. Mauro Villar marcó, fue calificado con 7.80 y volvió antes de que nadie notara que se había ido.
Recuperó y luego hizo algo con ello, que son dos trabajos y la razón de que el marcador tenga el aspecto que tiene. 16 acciones combinadas y un 7.28, y ninguna de ellas saldrá en un resumen.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el Cerro cosas que tardan más de una semana en retirarse.
Hay una calidez concreta que un estadio reserva para un chico de 22 años que siente suyo. Francisco Bregante la tiene ya, y todo lo que haga durante el resto de su etapa aquí se medirá contra esa buena voluntad que le regalaron.
Victoria por 3‑0 ante Cerrito, un sitio en la siguiente ronda y la aritmética silenciosa que todo aficionado hace de camino a casa: ¿cuántas quedan para una final?
Dos goles y un 8.39 para acompañarlos. A los delanteros se los juzga por tardes como esta y se los recuerda por muchas menos de las que la gente imagina.
Notas de los jugadores17/08/2026
Tiago Rijo, 21 años, juega como si llevara aquí una vida: 7.96
Un 7.96 significa una cosa junto al nombre de un futbolista de veintinueve y otra muy distinta junto al de uno de 21. En el estadio nadie necesitó que se lo explicaran.
Alejo Macelli estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
Tiene 21 años y el estadio ya canta su nombre, algo que les pasa a los chicos de la casa y casi nunca a los fichajes. Todo lo que venga a partir de aquí se medirá contra un cariño que no hizo nada por ganarse salvo ser de aquí.
Plantilla17/08/2026
Emiliano Sosa choca con un compañero por las exigencias
La discusión más vieja de cualquier vestuario y la única que va de verdad sobre fútbol: uno cree que el otro no pone lo suficiente. También es la bronca que a un entrenador, en privado, no le disgusta que haya ocurrido.
Aquí no cabe queja y todos los implicados lo saben, lo que no acorta el camino hasta el banquillo. El estado de forma es la única moneda del fútbol contra la que no se puede pedir un préstamo.
«Alineo a jugadores que hacen el trabajo. Todo el trabajo». No se pronunció ningún nombre; todas las cámaras giraron igualmente hacia Jairo Amaro, y el técnico lo permitió.
Lo más difícil de tener 21 años en un primer equipo es que nadie te lo perdona. Augusto Cambón no lo necesitó: 8.32, y parecía el más cómodo del campo.
Alejo Macelli y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
A los 21 años lo cantan personas que le doblan la edad, un cariño que un fichaje tarda años en ganarse y que un chaval de la casa recibe por aparecer. También es lo más difícil de sostener que hay en el fútbol.
No hay traspaso, ni presentación, ni agente en la escalinata. Gaston Diaz lleva en este club desde niño y ahora forma parte, formalmente, del primer equipo, lo que para un lector local supera a cualquier fichaje del tamaño que sea.
Los clubes gastan fortunas buscando jugadores y de vez en cuando encuentran uno al final del pasillo. Federico Rossi es eso, y el recibimiento de su primera aparición será de otra naturaleza que el de cualquier fichaje.
Mercado10/08/2026
Uno de los nuestros: Sergio Godoy se incorpora al primer equipo del Cerro
Los clubes gastan fortunas buscando jugadores y de vez en cuando encuentran uno al final del pasillo. Sergio Godoy es eso, y el recibimiento de su primera aparición será de otra naturaleza que el de cualquier fichaje.
La cantera existe exactamente para esta mañana. Martin Ramirez ha pasado por todas las categorías del club y ya tiene dorsal del primer equipo; los más orgullosos del edificio serán quienes lo entrenaron con doce años.
Plantilla10/08/2026
15 caras nuevas y el Cerro todavía se está conociendo
Una plantilla reconstruida en un solo mercado lo paga en una moneda que nadie presupuesta. El fútbol no es peor que la suma de los jugadores: es peor que la suma de los jugadores que ya han jugado juntos.
En breve
El banquilloAhora mismo hay alguien mejor que Iván Cartés
El banquilloLa vista desde el banquillo
PlantillaPalabras en el entrenamiento del Cerro sobre quién trabaja
«Hay decisiones que llevan mucho tiempo. Esta llevó diez minutos, y la mayoría fueron para encontrar un bolígrafo». Alejo Macelli y Cerro acuerdan 4 años más.
Nahuel Arena estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
500 partidos con la camiseta. Nadie se propone construir un registro así; le ocurre a cierta clase de futbolista en cierta clase de club, y esta ciudad sabe lo que tiene.
Alguien dijo en voz alta lo que varios pensaban sobre cuánto se esfuerza otro en los entrenamientos, y Emiliano Sosa estaba en medio. La única discusión de vestuario que de verdad va de fútbol.
Por detrás, y batido según cualquier lectura honesta, hasta el minuto 90. River Plate tenía los puntos en el bolsillo y un rincón de la grada seguía creyendo, que es cuando suele pasar.
Sigue sin haber oferta sobre la mesa, y el contrato de Alejo Macelli sigue encogiendo. En el idioma de los despachos, un silencio tan largo deja de ser un descuido y empieza a ser una respuesta.