14 partidos sin ganar es la clase de racha que cambia cómo una ciudad habla de su club, y Arminia Bielefeld fue la tarde en que se detuvo. Un resultado no arregla nada y con uno todo parece distinto.
$23.6M sobre la mesa de Bayer Leverkusen. El entrenador lo quería, la directiva acordó una cifra, y las únicas voces que faltan por oírse son las del otro club.
No hay forma más cruel de perder un partido. El VfB Stuttgart marcó en el 90, el saque de centro apenas llegó a producirse, y la afición visitante seguía de pie cuando sonó el final.
Los clubes han llegado a un acuerdo, y lo que queda es puro trámite: reconocimiento médico, fotografía y firma. En VfB Stuttgart nadie finge que volverá a vestir la camiseta.
«No tengo nada malo que decir de este sitio. Simplemente necesito estar en otro.» Ya está por escrito, y eso cambia lo que VfB Stuttgart pueden fingir no haber oído.
Hay una edad a partir de la cual toda buena tarde se describe como un recuerdo del pasado, lo cual es injusto y también exacto. 7.93 con 35 años, y nadie en el campo estuvo mejor.
No es una queja y no es una exigencia: quiere jugar fútbol continental, y ha dejado de esconderlo. Si VfB Stuttgart puede dárselo es una pregunta sobre el club, no sobre él.
La oferta de Enyimba por Ebuka Okeke se escuchó y se devolvió el mismo día. Las primeras ofertas rara vez pretenden triunfar; pretenden averiguar con qué fuerza se cierra la puerta.
Ya van 14 sin ganar, y el estadio ha desarrollado ese silencio especial de la grada que espera lo peor. Un 1-0 feo lo curaría casi todo; eso es lo desesperante.
Traspaso acordado, ficha acordada, y St. Pauli esperando con una camiseta. En VfB Stuttgart nadie finge lo contrario, y la afición ha dejado de preguntar si para preguntar cuándo.
Traspaso acordado, contrato acordado, revisión médica con fecha. Buba Sangaré será jugador de otro club este fin de semana, y en VfB Stuttgart las despedidas han empezado en voz baja.
«No es un enfado. Llevo meses pensándolo, y nada de lo último me ha hecho cambiar de idea». La solicitud está sobre una mesa de VfB Stuttgart, y no se va a retirar.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el VfB Stuttgart cosas que tardan más de una semana en retirarse.
Ya van 11 sin ganar, y el estadio ha desarrollado ese silencio especial de la grada que espera lo peor. Un 1-0 feo lo curaría casi todo; eso es lo desesperante.
Los clubes han llegado a un acuerdo, y lo que queda es puro trámite: reconocimiento médico, fotografía y firma. En VfB Stuttgart nadie finge que volverá a vestir la camiseta.
Jonathan Burkardt y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
Las normas lo permiten y escuece igual. Roman Salenko ha acordado condiciones con el Kaiserslautern para el verano, y hasta entonces viste esta camiseta como alguien que ya ha elegido la siguiente.
4 partidos, ningún gol y una ciudad deportiva que lo ha probado todo. Terminará —las sequías siempre terminan—, pero nadie en el VfB Stuttgart sabe decir en qué semana.
La discusión más vieja de cualquier vestuario y la única que va de verdad sobre fútbol: uno cree que el otro no pone lo suficiente. También es la bronca que a un entrenador, en privado, no le disgusta que haya ocurrido.
«Prefiero decírselo a la cara antes que leerlo en el periódico.» La reunión la pidió el jugador, y eso ya dice casi todo.
El banquillo24/12/2035
La vista desde el banquillo
«No hemos perdido. Hay semanas en que eso es todo lo que hay, y prefiero tener el punto a no tenerlo». Interim Coach eligió la versión del vaso medio lleno del 0‑0; la afición se fue con la otra.
El ánimo en el VfB Stuttgart ha cambiado de naturaleza
Los aficionados que cantan cuando va mal son aficionados. Los que se quedan concentrados a la salida son un problema, y dentro del edificio todos saben cuál de las dos cosas es esto ahora.
9 partidos ya sin victoria, y las excusas se han gastado más deprisa que la paciencia. Alguien en VfB Stuttgart tiene que sacar un resultado de donde sea.
Los clubes han cerrado el traspaso y él ha cerrado su ficha. Queda un reconocimiento médico y una fotografía, y alrededor de VfB Stuttgart la gente ha empezado a hablar de él en pasado.
«No es un enfado. Llevo meses pensándolo, y nada de lo último me ha hecho cambiar de idea». La solicitud está sobre una mesa de VfB Stuttgart, y no se va a retirar.
«Antes de firmar se me dijeron cosas. No las voy a repetir, pero me acuerdo de todas.» VfB Stuttgart no han contestado, que también es una forma de contestar.
Traspaso acordado, contrato acordado, revisión médica con fecha. Facundo Carrizo será jugador de otro club este fin de semana, y en VfB Stuttgart las despedidas han empezado en voz baja.
No fue por fútbol, y todos los que lo vieron lo saben. Dos hombres que el sábado tienen que jugar juntos se dijeron esta semana en el VfB Stuttgart cosas que tardan más de una semana en retirarse.
«Tengo ambiciones y me gustaría que el club las compartiera». Nadie ha pedido salir ni le han señalado la puerta, pero un jugador elige esa frase con cuidado y un despacho la escucha exactamente como fue pensada.
Ya van 8 sin ganar, y el estadio ha desarrollado ese silencio especial de la grada que espera lo peor. Un 1-0 feo lo curaría casi todo; eso es lo desesperante.
Los clubes han llegado a un acuerdo, y lo que queda es puro trámite: reconocimiento médico, fotografía y firma. En VfB Stuttgart nadie finge que volverá a vestir la camiseta.
Arriba nadie ha dicho nada, que es lo más ruidoso que podían hacer. Los resultados compran silencio en este oficio; la cuenta de VfB Stuttgart se está agotando.
«Quiero jugar por títulos mientras las piernas me lo permitan». Nada en esa frase es una petición de traspaso, y nadie en VfB Stuttgart la escuchó como otra cosa.
Jugará aquí hasta el verano y luego saldrá por la puerta sin coste, después de haber firmado ya en otra parte. Con la primera parte de esa frase la afición puede; con la segunda, no tanto.
Plantilla03/12/2035
Martial Godo consigue el traspaso que siempre quiso
A los futbolistas se les pregunta tanto por el club de su infancia que nadie escucha la respuesta. Martial Godo acaba de firmar por el VfB Stuttgart y, por una vez, la respuesta importaba.
Ian Ariza y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
Ya van 7 sin ganar, y el estadio ha desarrollado ese silencio especial de la grada que espera lo peor. Un 1-0 feo lo curaría casi todo; eso es lo desesperante.
Jonathan Burkardt y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
Jugará aquí hasta el verano y luego saldrá por la puerta sin coste, después de haber firmado ya en otra parte. Con la primera parte de esa frase la afición puede; con la segunda, no tanto.
La versión general de esta queja es que un jugador quiere más. La versión concreta le pone nombre: quiere salir bajo los focos contra clubes de otros países, y ha dejado de disimularlo.
«Alineo a jugadores que hacen el trabajo. Todo el trabajo». No se pronunció ningún nombre; todas las cámaras giraron igualmente hacia Dennis Seimen, y el técnico lo permitió.
Marcó Leon Grgić, y poco más salió bien: 1‑2 para RB Leipzig, y un camino muy callado hacia el vestuario.
Plantilla26/11/2035
Palabras en el entrenamiento del VfB Stuttgart sobre quién trabaja
Alguien dijo en voz alta lo que varios pensaban. Mats Wieffer está en el centro, y la plantilla averiguará ahora si el listón sube o si los dos simplemente dejan de hablarse.
El ánimo en el VfB Stuttgart ha cambiado de naturaleza
Los aficionados que cantan cuando va mal son aficionados. Los que se quedan concentrados a la salida son un problema, y dentro del edificio todos saben cuál de las dos cosas es esto ahora.
Dynamo Dresden avanza y VfB Stuttgart se vuelve a casa, con el 0‑1 como sentencia. El vestuario dirá ahora que la prioridad es la liga, porque eso es lo que dicen los vestuarios.
6 partidos ya sin victoria, y las excusas se han gastado más deprisa que la paciencia. Alguien en VfB Stuttgart tiene que sacar un resultado de donde sea.
6 partidos sin gol. Los delanteros dejan de levantar la cabeza, los medios dan el toque de más, y cada disparo que se va por encima va seguido de un lamento que lleva acumulándose desde el último gol.
Jonathan Burkardt estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
La versión general de esta queja es que un jugador quiere más. La versión concreta le pone nombre: quiere salir bajo los focos contra clubes de otros países, y ha dejado de disimularlo.
Jugará aquí hasta el verano y luego saldrá por la puerta sin coste, después de haber firmado ya en otra parte. Con la primera parte de esa frase la afición puede; con la segunda, no tanto.
Una lesión de rodilla de las peores para Yousef Salech
65 días según la estimación, y un año largo, privado y sin glamour de una recuperación que nadie mira. El VfB Stuttgart pierde a un futbolista; él pierde bastante más que una temporada.
«No es un enfado. Llevo meses pensándolo, y nada de lo último me ha hecho cambiar de idea». La solicitud está sobre una mesa de VfB Stuttgart, y no se va a retirar.
Jonathan Burkardt estuvo en el centro y, cuando los separaron, había tres o cuatro más metidos. Las ciudades deportivas son sitios pequeños y las temporadas largas los hacen más pequeños.
Es la ambición más legítima del deporte y la más difícil de satisfacer para la mayoría de los clubes. Kevin Kelsy quiere fútbol continental; si el VfB Stuttgart puede ofrecerlo es una pregunta sobre las dos próximas temporadas, no sobre él.
El reloj hizo lo que Preußen Münster no quiso, y le puso fin. Los aficionados que siguieron la cuenta atrás pasarán el próximo mercado haciéndolo otra vez.
«Quiero jugar por títulos mientras las piernas me lo permitan». Nada en esa frase es una petición de traspaso, y nadie en VfB Stuttgart la escuchó como otra cosa.
VfB Stuttgart preguntó y Bayer Leverkusen dijo que no sin discutir una cifra. Es la respuesta menos ambigua del fútbol y la que los clubes más a menudo vuelven a poner a prueba.
«Hay mañanas en las que te despiertas y todo lo que conoces sigue estando lejísimo». No es el fútbol y nunca lo fue: el VfB Stuttgart trata con un hombre que quiere otro país.
La discusión más vieja de cualquier vestuario y la única que va de verdad sobre fútbol: uno cree que el otro no pone lo suficiente. También es la bronca que a un entrenador, en privado, no le disgusta que haya ocurrido.
«No es un enfado. Llevo meses pensándolo, y nada de lo último me ha hecho cambiar de idea». La solicitud está sobre una mesa de VfB Stuttgart, y no se va a retirar.
Lo último de un traspaso que todavía depende del jugador es su firma en sus propias condiciones, y ya está puesta. VfB Stuttgart lo ha perdido en todo salvo en el papeleo.
Ni ahora, ni a ningún precio que el club estuviera dispuesto a decir en voz alta. Bayer Leverkusen conserva a su hombre, y VfB Stuttgart vuelve a una lista con un nombre tachado.
«Hay decisiones que llevan mucho tiempo. Esta llevó diez minutos, y la mayoría fueron para encontrar un bolígrafo». Jonathan Burkardt y VfB Stuttgart acuerdan 2 años más.
Los clubes han llegado a un acuerdo, y lo que queda es puro trámite: reconocimiento médico, fotografía y firma. En VfB Stuttgart nadie finge que volverá a vestir la camiseta.
No hay peor forma de perder a un futbolista. Mariano Rizzi ha pactado su salida, lo que significa que cada partido de aquí a junio lo juega un hombre al que el club ya no puede vender, y arriba alguien tendrá que explicar por qué se llegó a esto.
Tim Iroegbunam y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
El objetivo es el entrenador, el sondeo es real, y la cláusula de rescisión es toda la conversación. Los clubes desmienten esta clase de historias justo hasta la fotografía.
En breve
DirectivaSigue sin haber nombre sobre la puerta en VfB Stuttgart
«Me acuerdo de la reunión. Me acuerdo exactamente de lo que se prometió en ella». Puede que VfB Stuttgart lo recuerde de otra manera, que es precisamente el problema.
5 partidos ya sin victoria, y las excusas se han gastado más deprisa que la paciencia. Alguien en VfB Stuttgart tiene que sacar un resultado de donde sea.
Los clubes han llegado a un acuerdo, y lo que queda es puro trámite: reconocimiento médico, fotografía y firma. En VfB Stuttgart nadie finge que volverá a vestir la camiseta.
5 partidos sin gol. Los delanteros dejan de levantar la cabeza, los medios dan el toque de más, y cada disparo que se va por encima va seguido de un lamento que lleva acumulándose desde el último gol.
«Tengo ambiciones y me gustaría que el club las compartiera». Nadie ha pedido salir ni le han señalado la puerta, pero un jugador elige esa frase con cuidado y un despacho la escucha exactamente como fue pensada.
«Alineo a jugadores que hacen el trabajo. Todo el trabajo». No se pronunció ningún nombre; todas las cámaras giraron igualmente hacia Dennis Seimen, y el técnico lo permitió.
Ya van 13 sin ganar, y el estadio ha desarrollado ese silencio especial de la grada que espera lo peor. Un 1-0 feo lo curaría casi todo; eso es lo desesperante.
13 partidos, ningún gol y una ciudad deportiva que lo ha probado todo. Terminará —las sequías siempre terminan—, pero nadie en el VfB Stuttgart sabe decir en qué semana.
0‑1 ante LOSC Lille. El fútbol continental no perdona lo que una liga doméstica deja pasar, y esta fue una noche dedicada a averiguar cuáles de esas cosas sigue arrastrando el club.
Traspaso acordado, contrato acordado, revisión médica con fecha. Tom Krauß será jugador de otro club este fin de semana, y en VfB Stuttgart las despedidas han empezado en voz baja.
Hay una versión de cada carrera en la que el jugador acaba donde él eligió y no donde lo eligieron. Facundo Carrizo está viviendo esa versión en el VfB Stuttgart, y suele notarse en el primer mes.
Mario Mitaj y un compañero se enzarzaron, y no por fútbol. Las ciudades deportivas son lugares pequeños, y una temporada larga los hace más pequeños todavía.
200 partidos con la camiseta. Nadie se propone construir un registro así; le ocurre a cierta clase de futbolista en cierta clase de club, y esta ciudad sabe lo que tiene.
En breve
Notas de los jugadoresThierno Barry los va pasando de uno en uno